Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (39)

España entera, llevada por su celo misionero, se propuso principalmente, al lanzarse a los mares, la conquista para Dios de nuevos pueblos

Nuestra Señora de la Merced - ArgentinaSi San Ignacio es verdaderamente el adalid de la España militante, el hombre de la acción y del apostolado, Santa Teresa es la personificación de la España sufriente y orante.

Las huestes de Ignacio, lanzadas por esos mundos, arrebatarán a la herejía y al paganismo a millones de almas. Las pacíficas tropas de Teresa, escondidas en humildes conventos, alcanzarán de Dios el triunfo de los misioneros. Si Ignacio tuvo el honor de engendrar espiritualmente al gran Javier, el evangelizador de millones de almas; con el espíritu misionero de la Orden de Teresa, se nutrió aquella encantadora santita de Lisieux, misionera de la oración, que había de llegar a ser, con el apóstol del Japón, Patrona universal de todas las misiones católicas.

Dos eran las funciones en aquel pueblo eminentemente misionero, pero uno el ideal, idéntico el espíritu. Las falanges militantes estaban en íntima, relación vital con el pueblo orante, de quien recibían apoyo espiritual, prestación personal y ayuda económica. Así, encontramos a grupos de misioneros, como fray Alonso de Maldonado, haciendo giras por los conventos de clausura de España, para animar a las almas consagradas, a orar y sacrificarse por las misiones de América. Y otros apóstoles recorren, como el P. Acevedo, los noviciados y colegios religiosos de la península reclutando decenas de misioneros para el Nuevo Mundo, o se dedican a colectar limosnas y enseres.

Esta compenetración de las dos facetas del espíritu misionero de aquel pueblo era tan general que abrazaba a casi todas las familias, cuyos miembros, divididos por la inmensa distancia de los mares y por la diversidad de sus oficios, estaban aunados en un mismo y sublime ideal, el ideal por el cual vibraba toda la Hispanidad: universalizar la Redención.

Un dignísimo prelado americano ha sabido pintar con artísticos colores el cuadro de la España misionera del siglo XVI (Mons. Roberto J. Tavella, Arzobispo de Salta (Argentina), conferencia en la Radio “Voz de España” de Buenos Aires, 22-XI-1941).

“Ningún pueblo nació como el nuestro al impulso exclusivo de un pensamiento evangelizador. La nuestra puede llamarse por antonomasia otra Ciudad de Dios, en contraposición a la Ciudad humana. Blanca y luminosa ciudad, la construyó el genio de España, circundándola con los ciclópeos muros de la austeridad de la raza y coronándola con la alta torre del homenaje donde Isabel alzó la bandera de su idealismo. En su interior nacieron los santos y los héroes, los conquistadores y los misioneros, los sabios y los poetas, todos ellos igualados en la exaltación con que sintieron su destino histórico; a sus bastiones y arsenales acudió ya cuatro veces la Cristiandad para defenderse de sus enemigos y otras tantas salieron de ella los cruzados que lucharon contra el Islam, los héroes de Lepanto, los tercios de Flandes, los infantes de San Quintín, los temerarios de la Invencible y la barrera contra la Reforma.

A sus almenas asomó Santa Teresa para avizorar el mundo de la herejía y concitar a la guerra santa, después de transformar la sillería grave y pesada de sus torres en la espiritualidad de su Castillo Interior; en su plaza de armas concibió San Ignacio la táctica de la nueva Compañía que iba a transformar, como alguien dijo, la infantería española en la caballería de la Iglesia.

A sus puertas encaminó Dios el genio de Colón, y en el momento en que el oscuro peregrino se encuentra, con la reina Isabel y vislumbra ésta, no las inmensas riquezas que podrían venirle de las Indias, sino el camino que se abría para la redención de tantos millones de almas, en ése preciso momento se engendra la vida de los pueblos americanos, fruto de la estirpe más universal y heroica que pueda registrarse en todos los empadronamientos de la historia.

No henchidos de vanidad, pero sí llenos de gratitud a Dios y a España, preguntamos cuáles son los pueblos que pueden ostentar mayor nobleza de origen”.