Catalanismo y tradición catalana (1)

Francisco Canals

Virgen de la Merced y santos MercedariosEl problema de los orígenes de la Renaixença preocupo a sus hombres más representativos desde que, superada su etapa inicial puramente literaria,  adquirió su dimensión cultural y política. Dado el sentido y las circunstancias históricas del  renacimiento catalán, la cuestión pudo plantearse con el intento de mostrar la autenticidad del  nuevo despertar de la vida catalana, su continuidad profunda con las corrientes centrales de su  tradición histórica.

La actitud de Prat de la Riba responde a esta tendencia: busca en lo más interno y característico de la vida catalana, remontando históricamente “Catalunya endins”, el origen de la corriente que al expansionarse constituyó la Renaixença. Así quiere  hallar su punto de partida, en pleno “invierno” de la vida nacional, en el movimiento de las clases  rurales iniciando a principios del siglo XVIII: “La entrada de la gent pagesa en la vida pública  catalana dio principio a la Renaixença”.

Pero esta tendencia no fue la única; frente a ella se manifestó la que podríamos llamar  extrincesista o centrípeta, que se opone a cualquier explicación del catalanismo por raíces  tradicionales. Así Valentí Almirall buscó la causa de la Renaixença en la influencia ejercida en Cataluña, a partir de la invasión francesa, por las ideas liberales y revolucionarias. La  oposición de estas dos tendencias se ha podido formular en estos términos: ¿La fuerza inicial de  nuestro renacimiento proviene de nosotros mismos o del exterior? La trascendencia de esta cuestión  supone otro problema, que es ideológico: ¿Fue provocado este renacimiento por las ideas liberales llegadas desde Francia a nuestra tierra o, por el contrario, lo fue por una concentración enérgica  de las fuerzas tradicionales antinovadoras?

Refiriéndose a este planteamiento adoptó Rovira i Virgili una actitud decidida y precisa. Sigue a Almirall en su tesis “centrípeta”, pero observa que el entronque entre la influencia francesa y el movimiento  catalanista no es directo -ya que la versión española del ideal revolucionario y jacobino condujo a la unidad legislativa y a la centralización estatal- sino indirecto, a través del movimiento romántico. En cuanto a la afirmación de Prat de la Riba, que quiere relacionar el catalanismo con la mentalidad de la gent pagesa de los tiempos del reinado de Felipe V, la rechaza Rovira i Virgili, que opone una línea de conexión totalmente diversa: “La trayectoria que sigue la línea indicada por Prat pasa por el movimiento catalán de la guerra contra Francia (1793), después por la guerra de la Independencia y va a parar a las guerras carlistas. Los herederos de 1640 y de 1714 son en realidad los carlistas de la montaña catalana”.

Siguiendo las sugerencias que aquí se nos ofrecen nos encontramos situados en una perspectiva desde la que aparecen nuevos aspectos del problema. Su consideración nos podrá llevar al descubrimiento de corrientes más profundas, de misteriosas conexiones de sentido y de vivencia que contienen el verdadero argumento del proceso dramático de la vida catalana en los siglos modernos.

Es indudable la continuidad entre la Renaixença y el romanticismo catalán. En realidad por aquélla tuvo el romanticismo en Cataluña la vigencia y plenitud que no alcanzó generalmente en España. Por esto mismo, y si tenemos en cuenta además la pronta iniciación entre nosotros de un movimiento en el que Cataluña se anticipó y dijo en España la primera palabra, podría parecer problemática la conexión entre el romanticismo y el impacto producido en Cataluña por las ideas venidas aquí desde la Francia revolucionaria. El romanticismo catalán se centró en la corriente tradicional e histórica, medievalista y cristiana, y precisamente por esto volvió su atención a la antigua literatura de una lengua decaída de su cultivo literario desde los tiempos medievales. Los “jocs Florals” y la obra de sus iniciadores o precursores –“Lo Gayter del Llobregat” y en general los que fueron llamados “los trobadors nous”- ¿no son expresión auténtica de un resurgir enraizado en tradiciones seculares?

Pero el romanticismo catalán ofrece también otros aspectos que no deben ser olvidados. Hay que recordar que en su doble y sucesiva aparición -la del trienio constitucional de 1820-23, representada sobre todo por El Europeo, y la de los años de la guerra civil, expresada principalmente en El Vapor- pertenece en substancia a la cultura “liberal”, a la España nueva, con un matiz europeizante en que consiste precisamente su carácter de anticipación y primera palabra respecto al resto de España.

(VERBO)