Pablo

La oración contemplativa

Santa Rita de Cassia“la oración contemplativa es como una central eléctrica: lo que parece algo estático, es en realidad una fuerza motriz. Mientras parece que estamos inmóviles y encerrados, nosotros con la oración recorremos el mundo entero”. (Madre Cánopi)

¡Valientes… donde los haya!

¡Valientes… donde los haya! Una valentía que fueron adquiriendo y refinando matando monjas, religiosos y curas que, además de ser, como saben muy bien hasta los más ignaros en tácticas guerreras, un objetivo militar de primer orden en cualquier guerra civilizada -ese personal, en especial las monjas de clausura, son los mayores terroristas que han existido nunca, y había que ir a por ellos echándole pero que muchos bemoles al asunto: mucho más que en Teruel, en Brunete o en el Ebro-, pues ese personal, monjas, clérigos y religiosos, también tenían planeado, haciendo acopio de las armas más letales, cargarse a todas las mujeres de todos los milicianos y comerse a todos sus hijos e hijas. ¡Lo dice la leyenda negra que hay montado sobre el tema, que siempre acierta al 100 %! (José Luis Aberasturi)

Familias rotas y fracasos matrimoniales

No es de extrañar que en medio de este aquelarre, el aborto se haya convertido en un derecho de la mujer y en un método anticonceptivo más. Tampoco debe llamarnos la atención la cantidad de familias rotas y de fracasos matrimoniales que se producen cada año. “Ya no siento nada por ti, así que te dejo por otra o por otro que me hace sentir”. Las víctimas de este drama son los hijos. En los colegios lo sabemos muy bien. Detrás de la inmensa mayoría de los casos de fracaso escolar o de alumnos conflictivos, se esconde una familia rota. (Pedro L. Llera)

Carta Colectiva

La célebre Carta Colectiva de los obispos españoles de julio de 1937 marcó la posición de la Iglesia. Pío XI ya en septiembre de 1936 había condenado las masacres revolucionarias aunque su prudencia extremada le llevó a diferir un año el reconocimiento oficial al gobierno del general Franco. El Papa felicitó efusivamente a Franco por su victoria definitiva en 1939. El ejemplo mexicano hizo que durante los años de la República el Papa no cayera en la trampa “liberal” de condenar la formación de unidades paramilitares católicas como las del Requeté carlista (quizá los carlistas fueron el equivalente más exacto en España de lo que en México habían sido los Cristeros) y evitara cuidadosamente la condena o el desaconsejar la vía de las armas para derrocar al gobierno anticristiano, con falsas premisas de “humanitarismo” y “pacifismo” que tan caras habían costado a los católicos mexicanos. (Javier Navascués Pérez)

La imagen de la torre o del castillo

En su esplendente belleza, es para el Vble. Obispo J. Torras y Bagés, un “aliciente para nuestra perezosa voluntad en el ejercicio de la virtud”, y nos recuerda entonces al Castillo Interior de Santa Teresa, en cuyo centro está el templo y la Sede del Rey. En este sentido, la imagen de la torre o del castillo va ligada a la idea del Tesoro en íntima unidad semántica: la Mujer es torre almenada que resguarda y custodia el Tesoro -que es Cristo-, pero que asimismo debe defenderse como un tesoro. Tanto la torre como el castillo o fortaleza son signos inequívocos de la presencia de Dios y símbolos de su presencia, trascendencia y firmeza inconmovible, emblemas de Su protección que corona las pruebas de la marcha -el ascenso- o el combate. (María Virginia)

El padre Solá habla del demonio (47)

Otro son lo que llamamos OBSESIONES DIABÓLICAS. La palabra obsesión es técnica. No solemos emplearla rutinariamente, en el orden vulgar, porque se confunde con trastornos psicológicos: de uno reconcentrado, obsesionado por una idea fija, y aquella idea fija le tortura. Y a esto le llamamos una obsesión, aquel hombre está obsesionado. Pues bien, cuando hablamos de obsesión lo hacemos en el sentido filosófico y técnico de la palabra obsesión: Que se sienta que el demonio está en aquella persona de cuando en cuando, no permanentemente, sino un rato, una hora, dos horas, un día entero, dos días, o menos. Va variando. Esto es lo que llamamos la obsesión, y estos son los casos ordinarios. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (131)

El Catecismo dice: “1606: Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas, las épocas, los individuos; pero siempre aparece como algo de carácter universal”. (José María Iraburu)