Catalanismo y tradición catalana (2)

Francisco Canals

Jesús clavado y la Santa CenaEsta palabra, “de sentido hondamente catalán” al decir de Menéndez y Pelayo, no sólo se pronuncia en castellano sino que surge de una escuela en la que culmina la castellanización literaria de Cataluña. “Nació entonces en nuestro suelo -nota de Rubió i Lluch- por vez primera desde los días de Boscán, una escuela literaria castellana, que presentó un carácter inconfundible, que la diferenciaba totalmente de las demás regiones españolas. Mas de esta escuela que parecía iba a ser la negación de nuestra propia personalidad, y que iba a realizar la obra de asimilación literaria, que tres siglos no habían podido conseguir, surgió cabalmente nuestro actual Renacimiento, que en rigor no fue más que su continuación lógica”.

El autor de la que llamamos Oda a la Pàtria fue también el fundador de la Biblioteca de Autores Españoles. Lo más prestigioso en la obra de Milà y Fontanals en su investigación sobre la poesía heroico-popular castellana. Toda la generación romántica catalano-balear no sólo fue bilingüe o se expresó exclusivamente en castellano, sino que cuenta entre sus representantes con grandes cultivadores “clasicistas” de la literatura castellana. Tal es el carácter de la Renaixença durante varias décadas; hasta el punto que un exclusivismo lingüístico obligaría lógicamente a excluir de la línea catalanista a todos los iniciadores.

Una palabra de sentido hondamente catalán pronunciada por una escuela que constituía la más intensa asimilación a la cultura castellana, aunque a la vez se diferenciaba en ella con muy definida personalidad. Una cultura “europeísta” y progresiva, elaborada por una juventud que había sentido vivamente los ideales del liberalismo, y que se expresa en un romanticismo de sentido casi exclusivamente restaurador, “escocés” en lo literario y en lo filosófico, tradicionalista también en filosofía y moderado -los románticos catalanes son sin excepción isabelinos- en política. Un movimiento literario medievalista realizado por hombres de formación y de temple “clásico”. Tales son los sutiles y casi misteriosos matices que podemos percibir en la mentalidad de aquella generación. “Todo esto -escribió Maragall- produce aquí el florecer de una ciencia robusta y tímida a la vez, y de un arte y una poesía románticos-juiciosos –entenimentats– tan característicos de nuestra juventud de los años 1840, que da a toda aquella cultura un aire serio y provinciano, un matiz discreto, pero un poco triste; porque la tierra, la verdadera vida de la tierra, no se ha despertado todavía, y así aquella cultura no encuentra su expresión propia y viva”.

Esta misma ausencia de plena raigambre popular y tradicional parece haber sido advertida por Menéndez y Pelayo al referirse al patriarca del renacimiento catalán Rubió y Ors. Hablando de sus poesías dice: “Debe advertirse que en ellas se revela a cada paso la intención de hacer poesía catalana… pero tiene más bien el color general de la poesía romántica francesa y española en que su autor se educó. Víctor Hugo y Zorrilla fueron sus principales maestros… ; conviene fijarnos en un hecho muy curioso y significativo: esta colección de poesías catalanas no presenta imitaciones de ningún poeta catalán, a lo menos de los que han escrito en su lengua nativa. La lengua que en ella se habla sin ser totalmente el catalán de Barcelona, es en suma, un catalán no difícilmente comprensible para todo castellano, aún de los que jamás han puesto su planta en el Principado”. Es tal la complejidad del problema que, después de afirmar nuevamente que “de la antigua literatura catalana, poco o nada ha pasado a la moderna, exceptuando algunos temas de la poesía popular, de que se ha usado y abusado bastante”, viene a atribuir precisamente a esto su vitalidad al decir enseguida que: “La poesía del renacimiento catalán… es poesía enteramente moderna, y a esto debe su vitalidad y su fuerza”.

Pero el propio Menéndez Pelayo varió al parecer su punto de vista al escribir posteriormente, siguiendo a Mariano Aguiló: “La poesía popular salvó a la literatura catalana… y en efecto, sin esta benéfica levadura que hizo a tiempo fermentar la masa, la renaciente poesía se hubiera extraviado por los fáciles senderos de la imitación de los románticos franceses y castellanos, y hubiera sucumbido al poco tiempo amanerada y falta de jugo”.

(VERBO)