
Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Imagén - Contracorriente
30 jueves May 2019
30 jueves May 2019
Posted in Mojones
Montserrat
La Revolución francesa y la revolución comunista demuestran que la revolución puede derrotar sociedades que han sido erosionadas tanto por fuerzas externas como por un proceso de corrupción interna y por la incapacidad de sus dirigentes. El proceso revolucionario jamás tiene posibilidades de éxito contra sociedades fuertes que están ancladas en valores permanentes y que tienen buenos dirigentes. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)
Esta función “progresista”, asumida resignadamente al desistir de la función revolucionaria, ha sido coronada por el éxito. Toda la vida intelectual y moral, todas las actividades culturales han de estar orientadas hacia la izquierda en mayor o menor medida o estar dentro de un “marco constitucional” cuya única apertura, como es sabido, está a la izquierda. El Partido, “moderno Príncipe”, se conforma con la dirección espiritual de la sociedad totalitaria, y, aunque diga hacerlo en nombre de la revolución, lo hace por cuenta del progresismo. (Aquilino Duque – Razón Española)
Por eso no querernos que sean las Cortes formadas por aquel cuerpo electoral, del cual decía ya Donoso Cortés que era un agregado arbitrario y confuso, que se formaba a una señal convenida y se desvanecía a otra señal, quedando sus miembros dispersos hasta que sonaba de nuevo la voz que les ordenaba juntarse. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)
Al entrar en la capilla, la Majestad de Dios me envolvió otra vez, me sentía sumergida totalmente en Dios, toda sumergida en Él y penetrada, viendo cuánto el Padre Celestial nos ama. Oh, qué gran felicidad llena mi alma por el conocimiento de Dios, de la vida de Dios. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)
Si el hombre es por naturaleza sociable y político, la comunidad política es natural y no un artificio inventado por los hombres; luego la hipótesis de un estado de naturaleza apolítico, que abre la alternativa a la construcción del artefacto llamado Estado, es falsa por irreal, esto es, por no partir de la realidad óptica del ente que es el hombre. En todo caso, lo mejor que obtendríamos de esta falsedad moderna es una “alianza”, no una comunidad política, según Aristóteles lo advirtió, es decir, un tipo de asociación contingente al servicio de cualquier fin elegido. (Juan Fernando Segovia – Verbo)
La personalidad del hombre se acrecienta en medida directamente proporcional a su capacidad de fundar modos superiores, complejos, de unidad con las entidades valiosas del entorno. La vinculación participativa con estas realidades exige generosidad, aceptación de las exigencias que ellas plantean, actitud dialógica, paciente, disponible, renuncia a la voluntad de manipulación y dominio. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)
Lo es en orden al bien ajeno, cuando por librar a los prójimos del contagio de un error desenmascara a sus autores y fautores, los llama con sus verdaderos nombres de malos y malvados, los hace aborrecibles y despreciables como deben ser, los denuncia a la execración común, y si es posible, al celo de la fuerza social encargada de reprimirlos y castigarlos. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)
30 jueves May 2019
Posted in P. Manuel Martínez Cano
Padre Manuel Martínez Cano, mCR.
La Geología enseña que la Tierra estuvo sin vida durante el período azoico ¿Cómo empezó la vida en el período paleozoico? ¿Por generación espontánea, como dicen los materialistas, o por Dios, que crea a todo ser viviente, como dice la Biblia?
Pasteur, Tindall, Burke, Maumus, etc… Han demostrado científicamente que la generación espontánea es un absurdo.
La teoría de que la vida ha venido a la Tierra en gérmenes procedentes de otros astros ha sido también rechazada por la ciencia, porque esos gérmenes tenían que haber perecido en su camino por el frío excesivo, por la falta de humedad y por la acción de los rayos ultravioletas; y en todo caso habría que preguntarse cómo empezó la vida en esos supuestos astros.
La materia no puede dar lo que no tiene. De lo inerte no brota vida; un ser orgánico no puede proceder de un ser inorgánico. Todos los seres vivos, células, plantas, animales, hombres, etc. proceden de otro ser vivo. La vida que vemos en la tierra la tuvo que dar un ser vivo. Ese ser vivo es el Creador y Señor de todas las cosas; Dios todopoderoso.
Jorge Wold, biólogo de la Universidad de Harvard, Premio Nobel, ha dicho: «No hay ninguna oposición entre la aceptación de la explicación científica del origen de la vida y la creencia en Dios, pues Éste es el autor de las leyes que rigen el proceso biológico».
Es un hecho de experiencia normal y constante que el hombre siente en sí mismo el deber de la ley moral que le obliga en conciencia a hacer el bien y evitar el mal.
La conciencia del deber, de hacer el bien no se explica sin la existencia de un Supremo Legislador, único que puede hacer sentir en la conciencia del hombre ese deber y esa obligación de una manera universal, constante y eficaz, aunque contraríe los propios intereses y pasiones desordenadas. Ese Supremo Legislador es Dios.
Juan Zaragüeta, Catedrático de la Universidad de Madrid afirma que, además de las leyes de la Naturaleza, las leyes de la conciencia hablan de la existencia de Dios «pues nadie se manda a sí mismo, sino que la conciencia recibe las órdenes de un Ser superior a ella, que es precisamente Dios».
La existencia de Dios es connatural al alma humana, la descubre el sentido común. Una de las cosas que más fácilmente aprende el niño y que más imperiosamente le domina es la existencia de Dios. Y el adulto no puede sustraerse a la objetividad de la existencia de Dios, verdaderamente avasalladora, si está libre de prejuicios y pasiones desordenadas.
Nadie acepta que el reloj que lleva en la muñeca se ha hecho solo, porque la existencia de su reloj supone la existencia de una inteligencia y un poder que lo ha inventado y hecho.
De la misma manera que el reloj reclama la existencia de una inteligencia y un poder, el mundo con su variedad, con su conjunto innumerable de seres a cuál más maravilloso, con su orden y movimiento, presupone una inteligencia y un poder infinitos. Esa inteligencia y poder infinitos la tiene Dios, principio y fin de todas las cosas. No hay reloj sin relojero, no hay mundo sin Creador.
A. Compton, profesor de Física en la Universidad de Chicago, ha dicho: «Lejos de estar en conflicto, la Ciencia se ha hecho aliada de la Religión. Al aumentar nuestros conocimientos de la naturaleza, nos hemos relacionado mejor con el Dios de la naturaleza. Naturalmente, son muy pocos los modernos hombres de ciencia que defienden una actitud atea».
Ateo es el que niega la existencia de Dios. Lógicamente no debería haber ateos, pues las razones de la existencia de Dios son asequibles a cualquier inteligencia, de tal modo que toda persona sensata y razonable puede conocer la existencia de Dios.
Sin embargo, hay hombres y mujeres que viven como si Dios no existiera. También hay políticos ateos que procuran desterrar a Dios de la sociedad. Incluso no han faltado ateos especulativos que han inventado hipótesis y sistemas ideológicos, para explicar el mundo y todas las cosas sin Dios, y así relegar a Dios a la categoría de mito; pretensión inútil, pues nada han conseguido.
El ateo afirma que Dios no existe, pero no tiene pruebas para demostrar que Dios no existe, porque no las hay. El ateísmo es, pues, una profesión de fe en la inexistencia de Dios. El ateo no tiene razones para justificar su posición.
Francisco González de Posada, Rector de la Universidad de Santander y Catedrático de Física, ha dicho: «La ciencia de hoy no le da al ateo ningún dato que le confirme en su ateísmo».
«No hay más que dos clases de personas a las que se pueden llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen, o aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen» (Pascal).
«Yo quisiera poder ver un hombre sobrio, moderado, casto, equitativo… que negase la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Ése, al menos, hablaría sin interés, pero un hombre así no se encuentra» (La Bruyère).
«Nadie niega a Dios, sino quien tiene interés en que Dios no exista» (San Agustín).