Pablo

El proceso del cambio

Sangre de Cristo embriagameEl proceso de cambio negativo se debe en gran medida a fuerzas ideológicas que eran o son ajenas u hostiles a la existencia de los valores permanentes. Estas mismas fuerzas han tratado de hacernos creer de manera dogmática que el proceso de cambio que nos lleva a alejarnos de la naturaleza que Dios nos ha dado es irreversible. Como consecuencia de todo esto hemos visto que se ha hecho demasiado hincapié en el valor positivo de lo nuevo, aun adentro de las filas de la Iglesia. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

No al divorcio

¿No es admisible el divorcio? -No, San Pablo VI exponía el 23 de enero de 1967, solemnemente: “No queremos silenciar la triste impresión que siempre nos ha producido el ansia de quienes aspiran a introducir el divorcio en la legislación y en la vida de las naciones que tienen la suerte de estar inmunes de él, como si fuera desdoro no tener esta institución hoy, índice de una perniciosa decadencia moral, y como si el divorcio fuera el remedio de los males, que él, sin embargo, extiende y agrava aún más, favoreciendo el egoísmo, la infidelidad, la discordia, donde debería reinar el amor, la paciencia, la concordia, y sacrificando con despiadada frialdad los intereses y los derechos de los hijos, débiles víctimas de legalizados desórdenes domésticos… La más firme adhesión a la ley inviolable que, por disposición divina, y para dignidad y fortuna de la Humanidad redimida, rige la unidad y perpetuidad del vínculo y, por tanto, de toda la institución familiar”. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)

Las Cortes

Consideramos también que las Cortes tienen dos oficios, porque tienen que cumplir una doble misión; ayudar a gobernar, sin ser cámaras cosoberanías que usurpan las atribuciones del Monarca -el cual debe reinar y gobernar, sin estar sujeto a la humillante tutela de un Gabinete que concentra en sí todos los poderes, y responder con responsabilidad social-, y limitar y contener la autoridad soberana, para que no se salga de su órbita propia. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

El demonio de la avaricia

Parece, pues, que más que crisis económica se ha dado el colapso de un modo de vida: “Nunca hubo una crisis económica. Hubo el colapso de una forma de vida, que en su manifestación más aparatosa se revistió de ruina financiera; pero tal manifestación no deja de ser un “fenómeno” más de ese colapso, ni siquiera el más evidente o estragador, aunque así lo percibamos, dada nuestra dependencia del “ídolo de iniquidad” Mammón, el demonio de la avaricia y de la riqueza. Pero los fenómenos a través de los cuales se ha manifestado ese colapso se pueden hallar por doquier, bajo las especies del rifirrafe ideológico, la descomposición del tejido social o la entronización de una moral relativista; y todos esos fenómenos no son sino “representaciones” de una realidad más honda, que en su naturaleza última es religiosa (a fin de cuentas, ¿qué son las idolatrías, sino sucedáneos o sustitutivos de la religión? (Miguel Ayuso – VERBO)

Las instituciones

Utrera consideró siempre a Fueyo como un leal y brillante colaborador intelectual que trataba de otorgar solidez y futuro al Régimen al que servía, pero que ya preparaba un cambio de rumbo propiciado en buena medida por sus dirigentes. En palabras de Fueyo, tuvo lugar la célebre respuesta a la pregunta de “Y después de Franco, ¿qué?”, que no era otra que “las instituciones”…  (Fernando Alonso Barahona – RAZÓN ESPAÑOLA)

Contra la impiedad

La oratoria cristiana de todos los siglos autoriza el empleo de las figuras retóricas más vivas contra la impiedad. En los escritos de los grandes atletas del Cristianismo es continuo el uso de la ironía, de la imprecación, de la execración, de los epítetos depresivos. La ley de todo esto deben ser únicamente la oportunidad y la verdad. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

El gran salto

El gran obstáculo para el orden nuevo era la política europea, siempre tan apegada a las problemáticas nacionales, pero eso cambió dramáticamente con la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa se hizo la guerra a sí misma. A partir de ese momento, el escenario quedaba plenamente preparado para el gran salto, para la escala propiamente planetaria de las grandes apuestas de poder. (José Javier Esparza – RAZÓN ESPAÑOLA)