Jesucristo coronado de espinas

Señor de la Paciencia, poco te puedo ofrecer, nada soy y nada tengo; la lucha es mi quehacer; no vencer mi sufrimiento. Tú ves todas las cosas y conoces mis sentimientos porque vives en mi alma y sondeas mis pensamientos. Sé que me miras paciente, que conoces mis anhelos; y tu amor se hace presente como preludio del Cielo.

Señor de La Penitencia, Tú puedes todas las cosas: concédeme, dulce amado ser como una mariposa que se consuma a tu lado. Déjame quedarme aquí, oh adorable Portento; sin Ti no puedo vivir, oh divino Sacramento.

Señor de la Penitencia déjame aquí mi Señor que quiero estar junto a Ti: me ha cautivado tu amor, y sedienta estoy de Ti. Déjame aquí, bien Amado, que quiero arder en tu hoguera: tengo el corazón helado del frío que viene de fuera. Contemplaré tu Hermosura, oh divina Eucaristía. Pan de celestial ternura que robas el alma mía. Dejarte solo, Señor de la Penitencia es para mí un tormento: vengo a ofrecerte mi amor y adorar tu Sacramento.

Tú sabes que te quiero, que siempre cuento contigo, que te llevo en mi alma como al mejor de los amigos. Cómo puedo tener paz, si se ultraja a mi Señor: si se blasfema y reniega del Santo Nombre de Dios. Cómo voy a tener paz, viendo a Cristo abandonado: con su cuerpo malherido y, en el Sagrario olvidado. Defenderé la verdad, aunque me cueste dolor: sólo tengo que agradar a Cristo, que es mi Señor. También me ofrezco Señor para ser tu costalero, con amor te llevaré por las calles de mi pueblo. Te daré gracias Señor junto con mis compañeros porque con tu Santo Sacrificio nos abriste las puertas del Cielo.

(LORCA)