José Guerra Campos - el día de la palma

¡Viva Jesús Sacramentado!
¡Viva y de todos sea amado!

¡Viva María Santísima! ¡Viva!

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Algunos se atreven a insinuar que “el nuevo modo de entender la fe” no es aceptado por el pueblo, ni se le puede ofrecer a éste abiertamente, porque el pueblo -dicen- no está “maduro” para entender el sentido auténtico de la fe (5).

Nada más hiriente para oídos cristianos. Jesús ha dicho: “Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios… y las revelaste a los pequeñuelos” (6). El acceso a la entraña vital de fe no está más franco para los que presumen de selectos que para el más sencillo de los creyentes. Los que viven como hijos, con docilidad interior, en el seno de la madre Iglesia, ven con los ojos de Dios.

Mi madre, modesta campesina, carecía de la cultura teológica que a mí se me ha dado. Pero, sin duda, su fe era más pura que la mía, tan pura como la de un concilio. Y, como ella, tantas personas, en los distintos niveles sociales del pueblo, para las cuales Jesús, con María, los ángeles y los santos, es una presencia viviente: manantial de luz y fuerza para obrar, padecer y esperar; y, a la vez, llamamiento a la generosidad, el perdón y la paciencia con los demás. ¡Ninguna especulación puede mejorar esta actitud de fe! Cualquier interpretación sabia ha de mantenerse dentro de este ámbito de la fe accesible a todos. La que intentase salirse de él, como si hubiese otro, reservado para ciertos grupos, llevaría a la orgullosa segregación o herejía denunciada desde el comienzo por los Apóstoles.          

Notas:

(5) Como si el sentido auténtico de la fe sólo fuese asequible no ya a las personas muy cultas, sino a determinados tipos de mentalidad.

(6) Mt. 11, 25.