LOS PADRES APOSTÓLICOS

Recapitulada por el P. Cano

– EL ADOPCIONISMO

El Adopcionismo niega la divinidad de Jesucristo.

Teodoto de Bizancio decía que Cristo no era más que un hombre, aunque elevado por cierta virtud superior. Fue excomulgado por el Papa Víctor en el año 190.

Hacia mediados del siglo III Pablo de Samosata (obispo de Antioquía en 260) decía que Cristo era solo hombre, pero que en Él habitaba el Logos impersonal, la virtud de Dios, de manera más especial que en los profetas. El año 268 un Sínodo lo excomulgó y lo depuso de su sede de Antioquía.

– EL MONARQUIANISMO

El monarquianismo admitía la divinidad de Cristo y la unidad de la divinidad, pero erraba en el modo de compaginar estos dogmas. Los nuevos herejes no concebían la unidad de Dios con la distinción de personas divinas, por eso afirmaban que Cristo, era el mismo Padre, con una forma especial. Fue el Padre, en forma de Hijo, quien sufrió en el Calvario. El primero que enseñó la herejía fue Noeto de Esmirna el año 170.

Sabelio extendió la teoría al Espíritu Santo. El punto central de la herejía era la afirmación de que la esencia divina es una forma en el Padre, otra forma en el Hijo, y otra forma en el Espíritu Santo. Son, pues tres aspectos de la divinidad y no tres personas distintas que tienen la misma esencia divina.

El Papa Calixto lanzó la excomunión contra Sabelio y los suyos. El heresiarca marchó a Oriente, donde murió en el año 260; pero la herejía se mantuvo durante mucho tiempo.

– LOS PADRES APOSTÓLICOS

Para facilitar la formación de los cristianos y, mejor preparados, refutar las herejías que iban surgiendo, la Iglesia difundió por escrito sus principales enseñanzas. Además del Nuevo Testamento, se escribieron los Símbolos o Credos, la Didaché, (breve exposición dogmática, moral y litúrgica de la Iglesia), la Didascalía, (resumen de la Didaché, etc.).

Se distinguieron en este campo los Padres Apostólicos. San Clemente Romano (tercer sucesor de San Pedro) de quien conservamos su carta escrita a los cristianos de Corintio.

San Ignacio de Antioquía (tercer obispo de Antioquía) es sin duda uno de los Padres Apostólicos más ilustres. Mientras era conducido al martirio, desde Antioquía a la capital del Imperio, escribió cartas a los cristianos de Éfeso, Magnesia, Trales, Roma, Filadelfia Esmirna y a Policarpo. Sufrió el martirio en la persecución de Trajano.

San Policarpo de Esmirna, discípulo de San Juan Evangelista, que murió mártir en Roma hacia el año 155.

Papias de Hierápolis escribió las ”Explicaciones de las sentencias del Señor”, el año 130. La obra más extensa de este tiempo es ”El Pastor de Hermas”. La ”Epístola de San Bernabé” fue muy conocida por los cristianos.

– ESCUELAS CATEQUÍSTICAS

Con el crecimiento del Cristianismo se hizo necesaria la organización de la enseñanza cristiana, que al principio se daba en forma privada o personal. La lucha contra la herejía y la filosofía pagana exigía hombres bien formados. Para facilitar esta formación se inicia la fundación de escuelas catequísticas, a finales del siglo II.

La escuela más antigua es la de Alejandría, sus grandes maestros son: Clemente de Alejandría, Orígenes, San Dionisio de Alejandría y San Gregario Taumaturgo.

En la escuela de Capadocia brillan con luz propia los escritores: San Basilio el Grande, San Gregario Nacianceno y San Gregario Niseno.

En la escuela de Edessa es maestro insigne San Efrén, llamado ”cítara del Espíritu Santo”, porque escribió en verso su altísima doctrina.

La escuela de Roma fue fundada por San Justino; la escuela de Antioquia por Luciano de Samosata.

El movimiento literario en Occidente fue mucho más lento que en Oriente. En África sobresale la escuela de Cartago. El mejor representante de la literatura latina del siglo III es Quinto Septimio Florens Tertuliano (Cartago 160-220) que, no obstante sus errores, sus obras hicieron un bien inmenso.

La segunda figura que elevó la Iglesia africana a gran esplendor fue San Cipriano (210-258), obispo de Cartago.

La Iglesia romana del siglo III no fue tan fecunda como la africana desde el punto de vista literario. Destaca San Hipólito quien, no obstante ser antipapa, murió mártir. El segundo escritor en importancia fue Novaciano, que provocó un cisma que lleva su nombre.