Recapitulada por el P. Cano

– ADMINISTRACIÓN DEL MATRIMONIO Y LA PENITENCIA

Los matrimonios debían celebrarse siempre con la aprobación del obispo, en el templo o lugar de culto, dentro de la celebración de la Santa Misa.

El sacramento de la Penitencia del que ya los Apóstoles hicieron uso (2ª Tes 2, 6 y 14; 1ª Tim 1, 20), se practicaban con la confesión de los pecados mortales y veniales particularmente al sacerdote.

La confesión y penitencia pública la imponía sólo el obispo; y también sólo era el obispo quien recibía de nuevo en la comunión cristiana a los cristianos arrepentidos.

– LA EUCARISTÍA

El acto central del culto cristiano fue, desde un principio, la Eucaristía o Santa Misa. En ella se renovaba la memoria de la Ultima Cena y del sacrificio de la Cruz, con la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, que todos los que asistían podían recibir en gracia de Dios.

La ceremonia se dividía en dos partes: la Misa de los catecúmenos, que comprendía las preces y lectura de la Sagrada Escritura; y la liturgia eucarística, que comenzaba con una oración que hacían juntos todos los fieles y culminaba con la consagración, ”fracción del pan”, y la Comunión bajo las dos especies.

A los que no habían podido asistir a Misa, se les llevaba la Comunión a sus casas. En tiempos de persecuciones, los fieles se llevaban hostias consagradas a sus hogares para comulgar cada día.

La Santa Misa y las funciones litúrgicas se celebraban en casas particulares hasta fines del siglo II. A principios del siglo III aparecen las capillas o iglesias.

Las catacumbas, que sirvieron principalmente como cementerios cristianos, también eran lugares de culto cristiano. En ellas encontramos las primeras obras del arte cristiano, que representan hechos del Antiguo y Nuevo Testamento: el Buen Pastor, la Santísima Virgen con el Niño en brazos, mártires, etc.

– VIDA MORAL Y SOCIAL DE LOS CRISTIANOS

Lo que distinguía a los cristianos del resto de los ciudadanos romanos era la práctica de las virtudes. Cumplían fielmente sus deberes cívicos; evitaban la exageración en el adorno de la persona y aborrecían los afeites de ojos, mejillas, pelo y barba, a que tan aficionado era el mundo romano. Se divertían como los demás, pero evitaban los espectáculos inmorales.

La vida familiar era un reflejo de la altísima idea que los cristianos tenían del matrimonio y de los deberes que contraían; los matrimonios cristianos eran la admiración de los paganos.

Más que al matrimonio, los cristianos apreciaban la virginidad. Muchos cristianos, sobre todo clérigos y mujeres jóvenes, ofrecían al Señor su virginidad, renunciando perpetuamente al matrimonio.

– LA CARIDAD CRISTIANA

El distintivo más característico de las comunidades cristianas eran las obras de caridad. La organización de la beneficencia se estableció por todas partes: hospitales, orfanatos, refugios, albergues para forasteros. Los pobres y los enfermos eran los predilectos de la Iglesia, que los atendía con fraternal solicitud. Antes del Cristianismo no se conocía la caridad.

La frecuencia de los sacramentos era generalizada. De esta práctica sacaron los cristianos la fortaleza ante las persecuciones y el martirio.