luis ma griñon de monfortIsabel

El secreto de María

Y tú, alma, ¿cómo lo conseguirás? ¿Qué medios vas a escoger para levantarte a la perfección a que Dios te llama? Los medios de salvación y santificación son de todos conocidos; señalados están en el Evangelio, explicados por los maestros de la vida espiritual, practicados por los santos. Todo el que quiera salvarse y llegar a ser perfecto necesita humildad de corazón, oración continua, mortificación universal, abandono en la Divina Providencia y conformidad con la voluntad de Dios. (San Luis Mª Grignion de Montfort

La mujer

Edith Stein

La llamada de Dios al hombre y la vocación del hombre aparecen esencialmente cambiadas después de la culpa. Eva se dejó engañar por el tentador y condujo al hombre al pecado. Al hombre se le pidió cuentas el primero, y él cargó la culpa sobre la mujer: “La mujer que me diste por compañera me dio de él y comí”. (Gen. 3, 12). Esta expresión suena exactamente como una acusación a Dios. He aquí el juicio sobre Adán: su escusa no ha sido aceptada: “Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol de que te prohibí comer, diciéndote no comas de él: por ti será maldita la tierra; con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida”. (Gen. 3, 17). “Te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres, y al polvo volverás”. (Gen. 3, 18-19). El castigo de la desobediencia consiste en la pérdida del dominio fácil de la tierra, la rebelión de las criaturas inferiores, la dura lucha contra ellas para ganarse el pan cotidiano, el cansancio del trabajo y la pobreza de sus frutos.

El hombre nuevo democrático

En su obra Echar raíces, Simone Weil escribe: “El arraigo quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Un ser humano tiene raíces en virtud de su participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro. […] El ser humano tiene necesidad de echar múltiples raíces, tiene la necesidad de recibir la totalidad de su vida moral, intelectual y espiritual de los medios de los que forma parte naturalmente”. Para alcanzar la masificación de la que emerge el hombre nuevo democrático, es preciso desarraigar al ser humano, arrancar las raíces que lo nutren de una vida moral, intelectual y espiritual. (Juan Manuel de Prada – VERBO)

Integridad de pureza

Así exhortaba san Juan Bosco a sus jóvenes “La causa de la perdición de vuestros compañeros pervertidos son las malas conversaciones contra la pureza, las malas acciones a que se entregaron después de las conversaciones inconvenientes”. Esta es la voluntad de Dios: integridad de pureza e integridad del don de sí. La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y amor depositados en ella. Esa integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. No toleran la doble vida ni el doble lenguaje. (CIC 2338). La castidad, tal como quiere Dios “aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo. La castidad conduce al que la practica a ser ante el prójimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios”. (CIC 2346). (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Constructores responsables de la Sociedad

En el discurso al mundo de la cultura y a la clase dirigente de la sociedad boliviana el 12 de mayo de 1988, el Papa Juan Pablo II indica: “(…) las inmensas virtualidades del mensaje cristiano que ha de inspirar vuestra vida y toda vuestra actividad y que se concreta en la llamada doctrina social católica (…)”, “intenta guiar a los hombres para que ellos mismos, con la ayuda de la razón y de las ciencias humanas, den una respuesta a su vocación de constructores responsables de la sociedad terrena”; y recuerda que esa sociedad justa será imposible si no tenemos bien presente lo que dice el salmo: “Si el Señor no construye la casa, en vano se fatigan los constructores”. Por eso, la evangelización ha de “fructificar en criterios de juicio, modelos de comportamiento y -subrayamos nosotros- en fuentes de inspiración de toda la vida de una sociedad en perfecta coherencia con los valores del mismo Evangelio”. (Estanislao Cantero – Verbo)

 

 

 

 

 

 

 

 

Homosexualidad y esperanza

Los católicos tienen que tratar de ayudar a personas que experimentan atracción por el mismo sexo, a aquellos que están activamente envueltos en actos homosexuales, y particularmente a aquellos que están afectados por enfermedades de transmisión sexual, con amor, esperanza y un mensaje auténtico, y sin compromisos, de liberación del pecado por Jesucristo.

Es de importancia primordial que los sacerdotes, cuando encuentren feligreses con problemas de atracción por el mismo sexo, que tengan acceso a información sólida y a recursos auténticamente beneficiosos. El sacerdote, sin embargo, tienen que hacer algo más que simplemente referirlo a otras agencias (Véase Courage y Encourage en el apéndice). Él está en una posición única para proporcionar ayuda espiritual específica a aquellos que experimentan atracción por el mismo sexo. Debe, por supuesto, ser muy delicado con los sentimientos muy intensos de inseguridad, culpa, vergüenza, rabia, frustración, depresión y aún temor en esos individuos. Pero esto no significa que no deba hablar claramente sobre las enseñanzas de la Iglesia (Véase CIC n.2357-2359), la necesidad de perdón y curación en la Confesión, la necesidad de evitar las ocasiones de pecado, y la necesidad de una vida de oración viva. Un número de terapeutas cree que la fe religiosa juega un papel esencial en la recuperación de la atracción por personas del mismo sexo y la adicción sexual. (Asociación Médica Católica – AMCA)

La Unesco

Referente a la UNESCO, nos unimos a la Declaración de la Liga de los Padres Cristianos -protestantes- de California, de enero de 1956. Dice así: “La UNESCO es una de las once organizaciones especializadas de la ONU. Ha sido creada después de la ratificación de la Carta de las Naciones Unidas. El nombre puede parecer nuevo, pero el espíritu que anima las actividades de la UNESCO no lo es, pues su espíritu es del ateísmo mismo y del agnosticismo: la negación de Dios. Tanto las Naciones Unidas como la UNESCO están firmemente consagradas a la realización de un gobierno mundial con su plan para una sola religión, una sola ley, un control universal… Esta larga campaña del espíritu del ateísmo y de agnosticismo que es negación y odio a Dios se prosigue, pues, para intentar aniquilar la religión de Cristo por la supresión completa de su enseñanza y de la práctica de sus principios de moral”. Y así existen diversos documentos comprometedores del laicismo anticristiano que preside a esta organización. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)