don jose mariaTestimonio

Así era Don José María: sacerdote ejemplar, un hombre de Dios, un formador de muchas generaciones de sacerdotes, considerado santo por todos en su vida y después de su partida a la casa del Padre. Así vivió 86 años, marcados profundamente por la gracia divina. Así se le recuerda en Madrid, Huelva y Valencia, con su pasión por el sacerdocio y por la vida consagrada: un gran maestro de la vida espiritual, que ha marcado a varias generaciones entre nosotros, y al que tanto debe la renovación espiritual del clero diocesano español.don jose maria

  1. José María aspiraba en todo a la santidad, pero también vivió con frecuencia la lucha, sintiéndose necesitado de conversión, superado por las inmensas gracias recibidas en su bautismo, en su consagración sacerdotal y episcopal, en la oración diaria o la eucaristía; y, ¡cómo no! en el difícil gobierno del pastor, que es padre, pero que debe impulsar, corregir, dirigir, animar y ser rechazado. En su larga enfermedad se superaba con un amor henchido a la Virgen y al Señor en el Sacramento del Altar. “Jesús -decía él- mi Hermano, mi Amigo, mi alter ego”. “Quiero morir de Dios”. ¿Qué quería decir? Algo así como no poder amar más, romper nuestros límites humanos para gozar de su comunión, ser todo suyo. Pedimos a Dios que avance con presteza su causa, para que toda la Iglesia pueda venerarle como santo y gozar de su intercesión y su ejemplo, y para que llegue mejor al mundo la mirada compasiva del Buen Pastor que revela la ternura y la compasión de Dios.

Mons. Rafael Zornoza