chispicasPadre Martínez Cano, m.C.R.

Momentos antes de su ascensión al Cielo, Jesús dijo: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión para los pecados a todos los pueblos comenzando por Jerusalén”. (Lucas 24, 46-47)

Todos los bautizados tenemos el sagrado deber de predicar el Evangelio oportunamente e inoportunamente. Necesitamos convertirnos, arrepentirnos, para que Cristo nos perdone los pecados.

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El nacional catolicismo español no existió nunca. Es el mote que pusieron los enemigos de la Iglesia y de España al Régimen político de Franco. Alabado en distintas ocasiones por la Jerarquía de la Iglesia.

Liberalismo, comunismo y nazismo han sido condenados por la Iglesia. El democratismo imperante es más de lo mismo. El régimen de la confusión, corrupción y abortos satánicos.

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El “vencerse a sí mismo” de San Ignacio de Loyola, es la llamada de Cristo a la perfección. Liberamos de todo aquello que es desordenado en nuestras vidas. Detener un mal pensamiento y dirigirlo a la verdad. Decir “no” a un placer, aunque sea lícito… “Vencerse” para ordenar nuestra vida en el amor a Dios y al prójimo.

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Las ideologías de género ofrecen toda clase de placeres y corrupciones como fin del hombre. Así pretenden ser felices. Nunca lo serán.

La felicidad la da Dios a quienes tienen como fin cumplir la voluntad divina en la tierra. Serán felices eternamente en el Cielo.

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Un seglar que sabe mucha teología o tecnología – con el acaloramiento del diálogo fraternal no entendí todo lo que decía – me dijo que hoy, todo el mundo se salva, la lógica de la misericordia no entiende de premios o castigos.

En la Biblia, Dios castigó a Adán y Eva. Castigó muchas veces al Pueblo Elegido… Castigó muchas veces y, si hoy uno muere en pecado mortal, Dios lo castiga para siempre en el infierno.

Dios premia. El Cielo está rebosante de hijos de Dios. Eternamente felices.