mariaIldefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Su importancia. – -Es mucha y muy grande laque tiene la fortaleza. -No es posible que se sostenga una virtud…, ni que la vida espiritual persevere en un alma sin la fortaleza… La prudencia, dijimos, es la luz y guía, es la norma reguladora de las virtudes…, pero la fortaleza es su apoyo y sostén. –La vida cristiana toda…, pero aún más la vida de perfección y santidad…, es vida de continua lucha de enemigos…, exteriores e interiores…; unas veces hay que defenderse de sus ataques…, en  ocasiones tan terribles y tan frecuentes…; en otras convendrá tomar la defensiva y atacar y acometer al enemigo para restarle fuerzas y prevenir sus tentaciones… Hay que vigilar continuamente para no ser sorprendido.

Todo esto no se hace sin la fortaleza. -En esta lucha incesante fácilmente hay cansancios…, desalientos, sobre todo si ha habido caídas…, si hemos sufrido alguna derrota… ¿Qué será entonces del alma sin fortaleza?… ¿Cómo levantarse… y alentarse para combatir de nuevo?… -Otras Veces es Dios mismo quien no sólo consiente las tentaciones del enemigo…, sino que Él mismo nos prueba con tribulaciones…, dolores…, enfermedades… cruces y sufrimientos… ¡Qué fácil es caer entonces, abrumados por una cruz que creemos de un peso insoportable… Cuán necesaria es entonces la fortaleza que nos dé ánimo y nos sostenga, para llevar todo lo que Dios quiera enviarnos en bien nuestro!

Fortaleza de Ma­ría en las luchas. -Ma­ría estuvo exenta por privilegio del Señor, de la lucha de la concupiscencia… Sus pasiones estaban en Ella perfectamente dominadas. –Sin embargo, Dios no la ahorró dificultades y contrariedades con las que se acrisolara más y más su virtud, y en las que demostró una energía grande…, una fortaleza extraordinaria… ¡Cuánta fortaleza no necesitó para aquella continua vigilancia que debió de tener en relación con la plenitud de gracias que había recibido del Señor, para conservarlas y para corresponder a la altísima vocación a que había sido llamada! -En las mismas circunstancias habituales y ordinarias que rodearon su vida, ¡cuánta fortaleza no demostró la Santísima Virgen!

Compárala a Ella con aquellas buenas mujeres de Nazaret..; ¡Qué Ideas…, qué afectos…, qué aspiraciones, qué modales tan distintos… y la Virgen, sin embargo, vive en aquel ambiente como si fuera el suyo propio…, derrochando amabilidad…, simpatía…, cariño por todas partes… ¡Qué violencia no tenía que hacerse para sostener en aquel ambiente tan poco propicio, su amor a la virginidad…, su pureza inmaculada…, su humildad y modestia…, su recogimiento constante…, su vida de oración y de unión con Dios!

Y más tarde, en la vida pública de su Hijo…, ¿qué violencia tuvo que hacer a su corazón para estar separada de su Jesús…, para no seguirle a todas partes…, para no verle…, oírle…, cuidarle…,  consolarle?… ¡Qué fortaleza la suya en medio de las persecuciones y sobresaltos de la naciente Iglesia… ¡Como Ella alentaba a todos…, consolaba a todos… y fortalecía a todos en la fe y en la confianza en Dios…, aceptando y viendo en todo los planes de la Divina Providencia!

Fortaleza en las pruebas. – -Y ¡qué pruebas tan fuertes y tan extraordinarias tuvo Ella que pasar! -Recuerda las dudas de San José, de que ya hemos hablado… Cómo mantiene, con una fortaleza admirable, aquel su silencio y cómo pasa por aquella humillación…, ¡la humillación y la prueba más dura para una esposa y para una virgen! –El viaje a Belén después, todo él sembrado de desprecios…, de incomodidades…, de molestias y privaciones sin cuento… La pobreza de la cueva…, las circunstancias todas del nacimiento de su Hijo…, son más que suficientes para dar por tierra con una virtud que no tuviera la fortaleza de Ma­ría.

Más tarde, la circuncisión… Presencia la dolorosa ceremonia de desgarrar la tierna y delicadísima carne del Niño…; ve correr su sangre mezclada con las lágrimas que el sufrimiento y el dolor arrancan a Jesús… -Vete recorriendo las pruebas de la Purificación…, con la profecía de Simeón, que ya la amargó su vida para siempre…; la pérdida del Niño y el sufrimiento espantoso de aquellos días hasta que lo encontró…; las zozobras y angustias de su corazón, durante toda la vida pública de Cristo…, y, en fin, mira a la Virgen como la imagen ideal de la fortaleza al pie de la Cruz…, sacudida por la furia de aquella tempestad de dolores y sufrimientos, desatada contra Ella en el Calvario… Y, sin embargo, como, la luz del faro en medio de las olas, sin vacilar…, sin titubear…, bebiendo, serena,  gota a gota hasta las heces, aquel horrible y amarguísimo cáliz.

Acércate mucho a Ella…, ponte en contacto con su corazón y pídela ese esfuerzo…, esa energía…, esa fortaleza varonil… para aceptar las pruebas que Dios te envía… y hasta para desearlas con santa ilusión, pues ellas te purificarán y acrisolarán dando un valor sólido y positivo a tu virtud.

Fortaleza en sus decisiones. -No es la fortaleza pasiva que resiste las pruebas, las tribulaciones y las tentaciones…, es la fortaleza activa que acomete con energía y emprende con decisión. -El caso de Ma­ría en este punto es verdaderamente admirable…, es sencillamente único…, incomparable.

Nada hay semejante a aquella fortaleza de aquella débil y delicadísima niña, de solo tres años…, que decididamente se arranca de los brazos de sus padres para consagrarse al servicio de Dios, en el Templo…; la intrepidez con que sube las gradas del mismo… y la decisión, ciertamente sobrehumana con que  hace su voto de virginidad al Señor… ¡Qué asombro debió causar entre los mismos ángeles del Cielo! –Y  cuando consistió en ser Madre de Dios, sabiendo perfectamente  los sacrificios crueles y heroicos que esto significaba, ¿dónde encontró bríos y fuerzas para acometer una empresa tan colosal como la de ser Corredentora del género humano?…  Sencillamente en la fortaleza de su corazón. -La fortaleza, es la virtud que ha hecho los héroes y los santos.

Se ha dicho que la virtud no tiene de femenino más que el nombre…, pues siempre supone energía…, decisión…, valor…, fuerza… y todo esto, se lo da la fortaleza. -Pídesela a la Virgen. -Pídela fortaleza para sostener y conservar y defender tu fe…; fortaleza para luchar con las tentaciones que vengan de fuera… y con las que vengan de ti mismo, que son peores aún…; fortaleza para vencer y dominar con energía la carne rebelde y así poder conservar tu pureza…; fortaleza para sufrir y para cumplir con tus deberes diarios…; fortaleza, en fin, para saberte santificar, sin retroceder…, sin desmayar…, sin desalentarte nunca…, crucificándote en la cruz de Cristo Y, allí permaneciendo sin bajar de la cruz, como Él.