San Rafael Arnáiz Barón

San Rafael Arnáiz Barón - Monje CistercienseBendita sea la siempre la adorable y tranquila Santísima Trinidad.

Cojo hoy en nombre de Dios la pluma, para que mis palabras al estamparse en el blanco papel sirvan de perpetua alabanza al Dios bendito, autor de mi vida, de mi alma y de mi corazón.

Quisiera que el universo entero, con todos los planetas, los astros todos y los innumerables sistemas siderales, fueran una inmensa superficie tersa donde poder escribir el nombre de Dios.

Quisiera que mi voz fuera más potente que mil truenos, y más fuerte que el ímpetu del mar, y más terrible que el fragor de los volcanes, para solo decir, Dios.

Quisiera que mi corazón fuera tan grande como el Cielo, puro como el de los ángeles, sencillo como la paloma, para en él tener a Dios.

Mas ya que toda esa grandeza soñada no se puede ver realizada, conténtate, hermano Rafael, con lo poco, y tú que no eres nada, la misma nada te debe bastar.

¡Qué hipocresía decir que nada tiene…, el que tiene a Dios! ¡Sí!, ¿por qué callarlo?… ¿Por qué ocultarlo? ¿Por qué no gritar al mundo entero, y publicar a los cuatro vientos, las maravillas de Dios?

¿Por qué no decir a las gentes, y a todo el que quiera oírlo?… ¿Ves lo que soy?… ¿Veis lo que fui? ¿Veis mi miseria arrastrada por el fango?… Pues no importa, maravillaos, a pesar de todo, yo tengo a Dios…, Dios es mi amigo…, que se hunda el sol, y se seque el mar de asombro…, Dios a mí me quiere tan entrañablemente que si el mundo entero lo comprendiera, se volverían locas todas las criaturas y rugirían de estupor.