Javier Barraycoa

Mons. Josep Torras i Bages - Bisbe de VicLa vida nacional siempre se ha de diferenciar de la política nacional. En un sentido muy estricto -y para evitar equívocos en el lenguaje- diremos que donde se sustenta la Tradición es en lo que el Papa denomina “vida nacional”. Sólo desde esta perspectiva podremos entender lo que pretendía transmitir Torras i Bages en La Tradició catalana. Debido al abuso de ciertas interpretaciones, muchos han querido ver en este texto un precedente del nacionalismo catalanista. No negamos la dificultad de una lectura adecuada pero el contexto magisterial que hemos expuesto puede ayudar a interpretar lo que el Obispo de Vich quiso dejar escrito.

El problema de La Tradició catalana es que se ha convertido en un referente sin que haya sido estudiado y leído convenientemente. Una obra que es el resultado de una sucesión de artículos publicados muchos de ellos anteriormente en La veu de Montserrat, junto a un añadido final sobre figuras del pensamiento y cultura catalanas. Las claves para entender la obra deben situarse en una profunda crítica al liberalismo homogeneizador y centralista que inaugura la Revolución francesa, por un lado. Por otro, la comprensión de que “Cataluña y la Iglesia son dos cosas en el pasado de nuestra tierra que es imposible separar”. Esta afirmación se concreta en el famoso lema atribuido a Torras i Bages: “Catalunya será cristiana o no será”. Esta identificación entre el pasado de Cataluña y el pasado de la Iglesia es lo que le permite afirmar a Torras i Bages la necesidad de que Cataluña tenga su “Ley nacional”, su “propia Ley” y “autonomía”. Pero cuando Torras i Bages habla con este lenguaje que ha retomado el nacionalismo moderno, quiere significar lo contrario que pretende éste. La pérdida de autonomía de los pueblos se realiza -según el obispo de Vichen los tiempos posrevolucionarios, con “el servilismo de la moda… el moderno furor nihilista, un criminal odio parricida, un vano amor a las cosas extranjeras” (cap. I). Esta “Ley” es el reflejo del espíritu de un pueblo. Torras i Bages, no concibe que Cataluña pueda desprenderse de su cristianismo, ni siquiera permite concebir una Cataluña sin fe. Con un agudo providencialismo, afirma: “Cataluña la hizo Dios y no los hombres: los hombres solo pueden deshacerla; si el espíritu de la patria vive, tendremos patria: si muere, morirá ella misma”. El “autonomismo” de Torras i Bages, significa que los pueblos, como Cataluña, que son fieles a su espíritu cristiano, sobrevivirán a la revolución liberal que pretende modelarlos, uniformados y paganizarlos.

El “autonomismo” del nacionalismo moderno, entiende la autonomía como una autonomía de otros poderes políticos y de todo tipo de Ley trascendente. Por eso, Torras i Bages, contra lo que plantea el nacionalismo moderno y revolucionario, propone que las naciones y pueblos, sobreviven a los Estados, más aún, se pueden desarrollar y vivir sin ellos. Al hablar de Estado, Torras lo identifica con el Estado revolucionario y una estructura administrativa, puramente accidental y mutable, que no puede “encerrar” a las naciones y pueblos. De ahí su defensa del regionalismo. Para Torras i Bages el regionalismo es la reivindicación de que las naciones no necesitan identificarse exclusivamente con un Estado: “Los organismos políticos, los Estados -afirma- se hacen y deshacen según las circunstancias; incluso se los constituye en congresos diplomáticos, por ello su duración es limitada” (cap. III).

El concepto de Tradición que reivindica Torras i Bages, para evitar la construcción de una “Cataluña de papel” es el que implica no confundir la vida “nacional” con la política nacional, como decía Pío XII; es el que no aspira a que la nacionalidad (en la lectura de la época sería sinónimo de regionalismo) se constituya en un Estado y mucho menos en un Estado idolátrico, como reflejo de la autodivinización inmanentista de un pueblo. Evitando todo ello, que no es otra cosa que el liberalismo en su sentido más profundo, es donde reposa la cura de los males de Cataluña.

(VERBO)