Montserrat

Vi a la Virgen

San Juan CrisóstomoEntonces vi a la Santísima Virgen, indeciblemente bella, que se acercó a mí, del altar a mi reclinatorio y me abrazó y me dijo estas palabras: Soy Madre de todos gracias a la insondable misericordia de Dios. El alma más querida para mí es aquella que cumple fielmente la voluntad de Dios. Me dio a entender que cumplo fielmente todos los deseos de Dios y así he encontrado la gracia ante sus ojos. Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás.  (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

Libertades modernas

De ahí todo el juego de las libertades modernas en clave liberal: libertad de pensamiento para excogitar lo que se quiera, sin que exista algo que por naturaleza, en razón de su propio ser, nos obligue a dilucidar su verdad. Libertad de expresión para manifestar lo que se piensa, de cualquier índole que sea aunque -por feliz incongruencia- las reglas mínimas de educación, urbanidad o moralidad temperen presupuesto tan tajante, fuera de los esquemas del liberalismo. (Julio Alvear Téllez – Verbo)

Unidad personal

Al afirmar, a modo de constatación fríamente analítica, que “yo tengo un cuerpo” y “mi cuerpo es mío“, me concedo mayor libertad de maniobra que si proclamo con G. Marce: “Yo soy mi cuerpo”. Se trata de la libertad de manipular diversas vertientes de mi ser, no de ampliar mis posibilidades reales de planificación personal. El hombre conquista un género de libertad maniobrera que en principio le concede cierto poder, pero a un alto precio: el de la unidad personal, y, consiguientemente, el de su pleno logro como ser integral. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

La revolución de octubre

Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936. Con la insuperable autoridad conferida por su calidad de presidente de la República en el exilio, Claudio Sánchez-Albornoz dejó claro en Mi testamento histórico-político que “la revolución de octubre, lo he dicho y lo he escrito muchas veces, acabó con la República”. (Jesús Laínz – Razón Española)

Objeción de la conciencia

Esta atención a la ley natural es la que, entonces, puede justificar lo que se denomina “objeción de la conciencia”. Esta objeción de la conciencia consiste en el rechazo a obedecer una ley o norma positiva inicua que obliga a un mal moral, es decir, a la realización de un acto contrario al bien de la naturaleza humana. Castellano distingue la “objeción de la conciencia” de lo que la modernidad llama “objeción de conciencia”. Esta última vendría a ser el rechazo al cumplimiento de una ley o norma positiva no porque ella sea contraria a la ley natural, sino porque es contraria a la coherencia interna de una conciencia consigo misma y que no responde más que a sí misma. (José Luis Widow – Verbo)

Decadencia peninsular

Yo he oído, repito, a un ilustre regionalista catalán, el Sr, Domenech -hablando de Castilla después de reconocer, con una imparcialidad que tenía algo de dura, no sólo las grandezas y el carácter catalán, sino algo que él señalaba como sus defectos-, las siguientes frases: “Yo en Castilla admiro dos cosas singulares, en las cuales está sin duda ninguna un principio de regeneración de España, y en las que supera a las demás regiones: la manera admirable de representarla en el extranjero, y el carácter singular de dominadores que tienen los castellanos; sí, tienen algo de romanos, como diplomáticos y guerreros; y creo que una de las causas de la decadencia peninsular es la decadencia de Castilla”. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Curas ilustrados

El liberal manso no aborrece al Papa, sólo no encuentra bien ciertas pretensiones de la Curia romana y ciertos extremos del ultramontanismo que no dicen bien con las ideas de hoy. Ama a los Curas, sobre todo a los ilustrados, es decir, a los que piensan a la moderna como él; en cuanto a los fanáticos y reaccionarios, los evita o los compadece. Va a la iglesia, y tal vez hasta a los Sacramentas; pero su máxima es, que en la iglesia se debe vivir como cristiano, mas fuera de ella conviene vivir con el siglo en que se ha nacido, y no obstinarse en remar contra la corriente. Navega así entre dos aguas, y suelen morir con el sacerdote al lado, pero llena de libros prohibidos la librería. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)