Javier Navascués entrevista a Miguel Ángel Bernáldez

Virgen María Reina y MadreSe suele fijar el nacimiento de la Revolución francesa en 1789, pero la revolución se venía fraguando desde bastante tiempo antes gracias a la ilustración. Esta no nace en Francia, sino que va entrando en Francia a través de pensadores ingleses y alemanes, todos ellos protestantes, y de aquí nacieron los ilustrados, como Rousseau o Voltair, de forma que la revolución se puede decir que ya estaba escrita mucho antes de la toma de la Bastilla. Ni que decir tiene que el absolutismo que practicaron los borbones franceses facilitó enormemente toda esta labor. Los resultados más palpables de la revolución francesa, fueron la descristianización de Francia.

El liberalismo, compendio de herejías, tal como lo conocemos, es la doctrina resultante de la Revolución francesa. De diversas maneras el liberalismo, se consiguió difundir por toda Europa con mayor o menor rapidez, pero siempre y como toda revolución, de forma violenta, pues la resistencia de los pueblos a la misma fue notable.

El anarquismo, el socialismo y el comunismo, son reacciones, contra los abusos económicos que el liberalismo económico había traído a las sociedades europeas. Pero partían todos del mismo presupuesto: la soberanía del pueblo, frente a la soberanía de Dios, pues aquí se había pasado del ateísmo teórico al ateísmo práctico. La Revolución Rusa, tenía como todas las revoluciones, vocación expansiva y así han estado difundiendo sus errores por todo el mundo. Y aún hoy en día, después de la caída de la Unión Soviética, sus teorías y doctrinas se siguen difundiendo por el mundo.

La Revolución de mayo del 68, es el intento por vía pacífica, de difundir las doctrinas socialistas por la Europa liberal, que en aquellos momentos empezaba a hacer aguas ideológicamente. En realidad, se trató de una aplicación de las teorías de Gramsci, en el sentido de que la ideología comunista debía expandirse mediante la difusión de sus ideas en el mundo de la cultura. En la Universidad de la época, encontró terreno abonado.

¿Qué queda de Cristiandad en la post modernidad?

Después de las guerras de religión y de la Paz de Westfalia, la Cristiandad, tal como se había conocido hasta entonces, se rompe y la casi la mitad de Europa, se pasa al campo protestante. Fue España la que se encargó decididamente a defender esta Cristiandad agonizante. Mas, por otro lado, en América, empieza a aparecer una nueva Cristiandad, netamente española. Y, por último, perdida América y sumergida en un balcánico puzle de repúblicas liberales, quedó en España un último bastión de la Cristiandad, enfrentado a muerte contra el liberalismo. Fue el carlismo que, nacido en 1833, aún pervive empeñado en la misma lucha.

Es de Elías de Tejada el siguiente párrafo: “España, tras haber sido derrotada en la defensa de la Cristiandad, se va a constituir en christianitas minor, cerrada en un primer momento a las influencias europeas, de modo que, en otro posterior, tras la íntima escisión espiritual provocada por la irrupción en su seno de la ilustración, el tradicionalismo resultará una suerte de christianitas mínima. Por eso el tradicionalismo hispánico, a través de la monarquía hispánica y la segunda escolástica, enlazó directamente con la Cristiandad medieval y el tomismo. Nunca se interrumpió, pues, entre nosotros persiste la línea de la tradición católica, en combate sin tregua ni cuartel contra (tras la primera batalla con la Protesta) todas las infiltraciones europeas, absolutistas en el siglo XVIII, liberales en el XIX, democráticas, fascistas o socialistas en el XX”.

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