Ntra. Sra. del Rosario - GuatemalaSegún la tradición popular, la Virgen María salió de viaje a través de toda América y el Niño se durmió cuando llegaron a Guatemala por lo que allí se quedó. En 1821 los líderes del movimiento de independencia la proclamaron Patrona de la nueva nación e hicieron el juramento ante su imagen que no descansarían hasta que liberaran Guatemala.
Guatemala fue la primera nación del mundo que celebró la fiesta de la Coronación de la Santísima Virgen como Reina de Todo el Universo.

La primera cofradía del Rosario fue fundada en 1559 en Guatemala. Francisco Marroquín, primer obispo consagrado de América, exhortó al pueblo de Santiago, hoy Antigua Guatemala, a “que sería conveniente se erigiese en la iglesia de Santo Domingo la Confraternidad del Rosario, como había en muchos conventos de la Orden, para que ahí se extendiese tan santa devoción”.

La imagen actual de Nuestra Señora del Rosario fue mandada a esculpir por el santo dominico Fr. Lope de Montoya, bendecida en 1592. Tres excelentes plateros de Antigua Guatemala, en el siglo XVI tuvieron el acierto, las calidades artísticas y el honroso encargo de realizar en plata la hermosa imagen de Nuestra Señora del Rosario; esa bendita y dulce imagen de la Santísima Virgen, venerada en Guatemala por más de cuatro siglos. Los tres maestros, discípulos del platero sevillano Andrés Revolledo, recibieron el encargo de realizar en plata la efigie de la Santísima Virgen, basándose en la que tenían la Cofradía del Rosario y que era conocida como Nuestra Señora de la Antigua o como la Domina por su cuerpo en forma de campana.

Antonio de Fuentes y Guzmán escribiría más tarde: “… lleva en sus brazos un niño, como de un mes, dormido, de movimiento tan natural, tan vivo y halagüeño…”, también lleva un gran rosario en la mano derecha. La tradición popular dice que la Virgen María salió a recorrer América y el Niño se durmió al llegar a Guatemala, por eso se quedó en la imagen así.

La imagen es producto de la orfebrería colonial. Es típicamente barroca y representa a María reina del Cielo y Tierra, con manto y corona imperial, y con el cetro en sus manos. Completa el cuadro la luna bajo sus pies, símbolo de pureza inmaculada. La imagen de Nuestra Señora tiene dos varas de alto y “era la mejor que existía en su tiempo en Indias, la más hermosa de toda América” (P. Remesal, 1619).

Hoy en día la vemos desde su trono real rodeada de una majestuosa chispa de 45 estrellas de plata, como símbolo del esplendor de su gracia. Luce a sus pies una media luna de plata que nos recuerda que es Reina de todo lo creado. Se le viste con hermosos trajes bordados en colores que concuerdan con las celebraciones del calendario litúrgico. Luce cabellera natural y madrileñas especiales traídas de España. Ostenta la corona y el cetro que la distinguen por su realeza como Reina de la Nación de Guatemala y sostiene junto al Divino Niño un Rosario de 15 misterios.

Al frente dentro del camarín, luce la vara edilicia que le fuera otorgada en 1992, junto al honroso título de “Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Guatemala”.

La Virgen tiene un hermoso rostro que, según cuentan sus devotos, cambia su color rosado encendido a otro mucho más pálido cuando surge algún conflicto o se aproxima alguna desgracia para la nación.

LAS INDULGENCIAS

La fama del culto suntuoso que se daba a la encantadora imagen de la Virgen del Rosario de Santo Domingo, llegó hasta Roma y el Papa Clemente VIII, conmovido por los informes de tanta devoción indulgencia la Capilla de Nuestra Señora del Rosario en Antigua Guatemala, comunicándoles todas las gracias e indulgencias que el Santuario de San Juan de Letrán en Roma, tiene concedidas y todas las que se le concederán.

Más tarde a petición del Rey de España, el Santo Padre le concedió en 1650 un Jubileo Extraordinario para el Rosario, escogiéndose el 12 de febrero del año siguiente para ganarlo. Se realizó una magna procesión de Santo Domingo a la Catedral, la cual resultó más grandiosa y magnifica de los que se esperaba.

TERREMOTOS Y MILAGROS

De regreso a Santo Domingo colocaron a la Virgen en el Presbiterio a petición de los fieles, que estaban entusiasmados. Se formaron turnos para acompañarla hasta el día 19 en que regresaría a su Capilla.

Pero el día 18 entre 12 y 1 del mediodía, sobrevino un gran terremoto “que parecía se hundía la ciudad y que se acababa el mundo”. Sacaron luego a la imagen a la plazuela del Convento y se estableció una guardia perpetua, rezándole el Rosario para que interviniera ante la Clemencia Divina.

Con motivo de estos terremotos se comenzó a rezar el Santo Rosario todos los días en la Iglesia de Santo Domingo, costumbre que aún se conserva. Con ocasión de la protección obtenida en los terremotos de 1651, la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala votó y juró a la Virgen del Rosario de la Cofradía del Convento de Santo Domingo por “Patrona de la Ciudad contra los terremotos”.

Siempre que hacia erupción el Volcán de Fuego o temblaba en la ciudad, acudían los vecinos a postrarse a los pies de la Virgen del Rosario. Así lo intentaron hacer la noche terrible del 29 de septiembre de 1717, al sentir la primera sacudida.

Quisieron entrar al templo, pero por milagro divino las llaves no aparecieron y cuando todos comenzaron a retirarse acongojados porque no habían podido entrar, sobrevino el segundo y más fuerte temblor, desplomándose por completo la cúpula de la Iglesia, sin que hubiera desgracias personales.

Algunos religiosos entraron a explorar como había quedado la Capilla y encontraron a la Virgen intacta. Sacaron a la Virgen y levantaron una Capilla grande de paja a donde la trasladaron, celebrando allí los oficios divinos.

Cayó ese año la fiesta del Santísimo Rosario el día 3 de octubre. Se celebró con la mayor solemnidad, conforme lo permitieron las circunstancias, en acción de gracias por la protección que les dispenso la espantosa noche de San Miguel Arcángel.

Antes de la Misa mayor llevaron en procesión a la Virgen por el campo que estaba lleno de tiendas de Campaña, para que consolara a los que allí moraban. Todos se alegraron al verla y olvidaron por un instante sus penas. Fue una de las mejores fiestas que se celebraron en la Antigua. Todo el tiempo que la Virgen estuvo en la Iglesia de paja, que fue por más de dos meses, la velaron día y noche rezándole el Rosario. ¡Tal era el amor que le tenían!