Pablo

Levantamiento de la Vendée

San Cipriano y Santa Justina¿Por qué empezó usted a escribir sobre el levantamiento de la Vendée? -De un modo absolutamente fortuito. En la Universidad conocí a un profesor que quería saber por qué razón jamás se ha escrito un trabajo sobre la índole de la guerra de la Vendée. Se habían dado muchas razones; particularmente, que no existían documentos. Mi primer trabajo consistió en demostrar que sí existían, y en una cantidad increíble, tanto privados como públicos. El resto se ha encadenado mecánicamente. Al igual que en todo tema de historia, había que crear una metodología, lo cual hice a través del estudio de mi pueblo natal, La Chapelle-Basse-Mer, y después los extrapolé al conjunto del territorio de la Vendée militar. Al principio de la búsqueda no teníamos ninguna idea de la naturaleza de la represión en la Vendée. Sólo al descubrir las leyes, las órdenes y las aplicaciones se puso de manifiesto que se trató de un genocidio. (Dr. Reynald Secher – AVE MARÍA)

Ver a Dios y a Cristo en nuestros superiores

Los santos nos dicen que debemos ver a Dios y a Cristo en nuestros superiores. Esta intención sobrenatural nos hace fácil la obediencia. San Ignacio lo dice así: “Todos querría os ejercitásedes en reconocer en cualquier Superior a Cristo nuestro Señor, y reverenciar y obedecer a su Divina Majestad en él con toda devoción”. No obedezcamos a los superiores por sus buenas cualidades ni lo hagamos a regañadientes por sus defectos. Obedeciendo a los superiores, obedecemos a Dios. (Julián Jarabo Ruiz – AVE MARÍA)

La expulsión de los judíos

Esta expulsión es esgrimida por algunos como una descalificación total de la reina Isabel. Pero esa actitud nace de la malicia o de la ignorancia. En Isabel la Católica no hay signo alguno de antisemitismo, como puede comprobarse porque no pocos hombres de su confianza eran de origen judío -Alonso de Cartagena, fray Hernando de Talavera, su confesor, y otros-. Consta documentalmente su preocupación personal por evitar abusos en los bienes de los judíos. La Real Provisión de 18 de julio de 1492, por ejemplo, castigaba todo maltrato o injusticia contra los judíos del Reino. Luis Suárez hace notar sobre esto: “En el siglo XV, en todos los países, la ciudadanía estaba ligada al principio religioso, de modo que el no fiel podía ser un huésped tolerado y sufrido -ésta es la frase exacta que utilizan los documentos-, pero no un súbdito. Al huésped, al que se cobra una determinada cantidad por cabeza a cambio del derecho de estancia, se le podía suspender ese permiso. Lo habían hecho ya Inglaterra, Francia y todos los países europeos conforme llegaban a su madurez política. De modo que España fue el último. Se trata, en todo caso, de un error colectivo, general y no de una decisión personal. ¿Saben ustedes que el claustro de la Universidad de París se reunió para felicitar a los reyes por la medida que, al fin, habían tomado?” (“Alfa y Omega” 4-IV-2002). (José María Iraburu)

Del sabio silencio

En el eterno silencio de la vida trinitaria se decidió la obra de la redención. “Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma”(San Juan de la Cruz). ¡Qué abismo de silencio y de misterio trae consigo la Palabra portadora de los secretos de Dios! Todas las palabras y gestos de Jesús están chorreando de indecible, sacados del silencio, y sólo en la oscuridad del sabio silencio podemos percibir la maravillosa Luz que nos ofrecen. (TRINIDAD Y LIBERACIÓN)

El padre Solá habla del demonio (13)

Pero aparte de esto existe el diablo que actúa de un modo más sutil y más profundo. Ahora sobre todo en nuestro tiempo es cuando podemos hablar más de esta acción diabólica, porque como hay los medios de comunicación que enseñan en un instante lo que ha pasado en la otra parte del mundo, que antes tal vez habríamos tardado un año, dos años en saberlo, y ahora lo sabemos en el mismo momento… le es muy fácil al demonio el dominar todo el mundo. Con tener el cerebro de 2 o 3 personas rige toda la humanidad. Y no dudemos que hay unas posesiones diabólicas que son intelectuales. Y estas son las peores. Como he dicho el demonio actúa de varias maneras. Esta POSESION INTELECTUAL es una posesión que no se ve, porque no actúa de una manera espectacular.  (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (97)

El cristiano soltero no aparece tipificado en el Evangelio. La condición adulta se realiza en el cristiano por una vinculación personal con Cristo, sea en matrimonio, sea en celibato. Soltero significa en su sentido etimológico, solutus, suelto, no vinculado. Por tanto, el soltero cristiano ha de configurar espiritualmente su vida o bien según el matrimonio, o bien según el celibato. También es cierto que la Providencia dispone en ocasiones la vida de algunos cristianos de tal modo que no cristalizan ni en uno ni en otro estado, sino que participan de ellos en una forma mixta pues bien, así realizada, la vida del soltero puede ser – y no pocas veces lo es- altamente plena, santificante y fecunda, cuando la persona realiza la total entrega de sí misma a Dios y al prójimo en formas diversas. El cristiano, entonces, se desarrolla del todo, pues se entrega en caridad sincera y establemente, no eventual y caprichosamente. Cuando el cristiano hace así la entrega de sí mismo, se vincula a Cristo y al prójimo en modos análogos al del matrimonio o al de la virginidad. Por tanto, ya no realiza el tipo de soltero, peyorativamente entendido como solutus, el que está suelto, el que no se debe a nadie, ni se compromete con ninguno. (José María Iraburu)

Importancia personal

Se requiere que comuniquemos a la Virgen María nuestras impresiones de satisfacción y de mal humor para erradicar en seguida los movimientos más o menos disfrazados de búsqueda de nosotros mismos. Por otra parte, no debe causar desaliento el hecho de que ciertos movimientos de vanidad, de celos, de rencor, mil veces reprimidos, reaparezcan a veces de improviso. Dios nuestro Señor lo permite para mantener un alma en el sentimiento de su impotencia personal, al tiempo que le da la gracia de no ceder voluntariamente a esos movimientos. (P. Ramón Olmos mCR. – AVE MARÍA)