Papa Francisco

San Amado de Nusco - Obispo“Los espartanos tiraban a los niños con malformaciones desde la cima de la montaña, para que estos pequeños no existiesen. Nosotros hacemos lo mismo con más crueldad y con más ciencia”.

Cardenal Raymond Leo Burke

En dicha situación, los obispos y los cardenales tienen el deber de anunciar la verdadera doctrina. Al mismo tiempo, deben guiar a los fieles en la reparación por las ofensas a Cristo y las heridas infligidas a Su Cuerpo Místico, la Iglesia, cuando la fe y la disciplina no son propiamente salvaguardadas y difundidas por los pastores. El gran canonista del siglo XIII, Enrique de Segusio o el Hostiensis, al abordar la difícil cuestión de cómo corregir a un Romano Pontífice que actúa de manera contraria a su oficio, afirma que el Colegio Cardenalicio constituye un control de facto contra el error papal.

Cardenal Carlos Osoro Sierra

Cuántas terapias, cuántos discursos, cuántas clases de escucha, cuántos programas de rehabilitación… Claro que creo en todos los métodos y medios de rehabilitación del ser humano, no niego nada que la ciencia pueda aportar, pero recuerdo con suma claridad lo que un día me dijo un muchacho: “Padre, ya ves cómo me río por fuera siempre, pero por dentro estoy siempre llorando”. Comprendí entonces más aun lo que es el amor que nos ofrece Jesucristo y que está siempre queriendo que lo tomemos.

Arzobispo Fulton J. Sheen

“los cristianos comprenden que un momento de crisis no es una época de desesperación, sino de oportunidad. Cuanto más podemos prever la fatalidad, más podemos eludirla. Cuando comprendemos que nos amenaza la Divina Ira, somos elegibles para la Divina Misericordia. Debido al hambre, el pródigo dijo: Me levantaré e iré hacia mi padre (Lc 15, 18). Las propias disciplinas de Dios crean esperanza. El ladrón de la derecha vino a Dios con la crucifixión. El cristiano encuentra una base para el optimismo en el más acabado pesimismo, porque su Pascua está a tres días del Viernes Santo”.

Arzobispo Samuel J. Aquila

Todos los que estamos en la Iglesia, incluyendo al Santo Padre, a los cardenales, obispos, presbíteros, diáconos, consagrados y laicos, debemos examinar nuestras conciencias y preguntarnos: ¿Verdaderamente conozco, amo y sirvo al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo? y, ¿sigo los caminos de Jesús o los caminos del mundo? En la formación de mi conciencia, ¿escucho la voz de Dios, la voz del mundo o mi propia voz? y, ¿examino la voz que escucho para asegurarme que está de acuerdo al Evangelio? ¿He puesto mi fe en Jesucristo personalmente y, en este tiempo de tribulación, mantengo mi mirada fija en “Jesús, que inicia y lleva a la perfección la fe” (Heb 12, 2)? ¿Sé de dónde provengo, que Dios me ama y que me conocía desde antes de haber nacido (Sal 139)? ¿Sé a dónde voy, que soy creado para la vida eterna y para conocer al Padre como Jesús lo conoce (Jn 8, 14)? ¿Creo verdaderamente que la intimidad con Jesús puede sanar las heridas de mis pecados, mis debilidades o mi quebrantamiento? Y finalmente, como Jesús recuerda con frecuencia a sus discípulos en Juan 14 y 15, aquellos que lo aman guardan los mandamientos, así como Él ha guardado los mandamientos del Padre: ¿Hago yo esto?

Obispo Juan Antonio Reig Pla

La clarividencia se muestra ya en el título que añade la palabra “global” a la revolución sexual. La autora es consciente de que no se trata de un movimiento espontáneo provocado por unas circunstancias históricas que se localizan en Alemania o en Francia con la revuelta estudiantil de mayo de 1968. Es algo que viene de mucho antes y que se ha ido concretando en una agenda global a la que sirven tanto las estructuras internacionales (ONU y sus agencias) como las organizaciones europeas y los parlamentos nacionales y regionales.

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (62)

Observad aquí, Venerables Hermanos, cómo yergue su cabeza aquella doctrina tan perniciosa que furtivamente introduce en la Iglesia a los laicos, como elementos de progreso. Ahora bien; de una especie de mutuo convenio y pacto entre la fuerza conservadora y la progresista, esto es, entre la autoridad y la conciencia de los particulares, nacen el progreso y los cambios. Pues las conciencias privadas, o por lo menos algunas de ellas, obran sobre la conciencia colectiva; ésta, a su vez, sobre las autoridades, obligándolas a pactar y someterse a lo ya pactado. Fácil es ahora comprender por qué los modernistas se admiran tanto, cuando comprenden que se les reprende o castiga. Lo que se les achaca como culpa, lo tienen ellos como un deber de conciencia.