D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

guerra campos3Pero conviene insistir en ello: la Iglesia es madre y santa porque .nos da a Cristo. Los instrumentos humanos de la Iglesia -todos sus miembros- tenemos que ser radicalmente humildes. No somos la luz: damos testimonio de la luz; intentamos reflejarla, a pesar de nuestras manchas (6).

¡Cuánta actualidad tiene esta verdad evangélica en nuestros días! Hoy se habla mucho de la Iglesia. De la Iglesia proviene, a través de los medios de comunicación mucho ruido, mucho espectáculo. Y es para preguntarse: este ruido, este espectáculo visible, ¿remite a Cristo presente en el mundo o es pura exhibición de los miembros de la Iglesia?

Lo propio de los hijos de la Iglesia es defender a Cristo presentar a los hombres su mensaje salvador. ¿No estaremos ahora muchos en peligro de tapar la presencia del Señor; de desmitificar fa fe, es decir, de dejar entre paréntesis o de eliminar los hechos más representativos de la vida de Cristo: su Encarnación, su Resurrección, su Ascensión a los cielos, su presencia real en la Eucaristía, su potencia milagrosa en medio del mundo? ¿No intentaremos sustituirlo por ideas, por sistemas brillantes, más atractivos al mundo contemporáneo?

Notas:

(6) Ver Evangelio de San Juan (Jn.) 1, 8.