Jesús abraza a dos niñosEn su columna de esta semana titulada “Pedir perdón ¿por qué y a quién?”, el P. Valdemar, advirtió que “no podemos caer en un maniqueísmo histórico sin que nos haga un profundo daño: los buenos eran los pueblos originarios, casi en estado de gracia original, y los malos los españoles conquistadores que llegaron a destruir grandes culturas”.

La verdad histórica es muy compleja, lo cierto es que la conquista no la hicieron los españoles sino los indígenas, los pueblos subyugados del imperio azteca cansados de la crueldad y la explotación de la que eran objeto”.

“Esto hizo que pueblos enteros como los tlaxcaltecas se unieran al puñado de 200 españoles, y junto con la unión de otros pueblos subyugados hicieran posible lo que los españoles solos jamás pudieron haber hecho”, precisó. El sacerdote mexicano reconoció que “no hay duda que también hubo excesos en la implantación de la fe, pero en realidad, la Iglesia y los misioneros fueron los grandes protectores de los pueblos indígenas”.

“Gracias a ellos se reconoció su dignidad como personas, se les libró de la esclavitud, se resguardó su cultura y sobre todo, gracias a la Iglesia Católica española nos llegó el regalo más grande, la fe en Jesucristo, único salvador de los hombres y se hizo presente María de Guadalupe, modelo y estrella de la evangelización, como la llamó San Juan Pablo II”, recordó. El P. Valdemar subrayó que “de nada nos sirve lamernos y rumiar las heridas del pasado, ya el nobel de la literatura Octavio Paz, hablaba del trauma nacional de no poder integrar de modo adecuado nuestro doble origen: indígena y español”.

“De España recibimos a través de misioneros extraordinarios como Pedro de Gante, Motolinia, fray Juan de Zumárraga, y Tata Vasco de Quiroga, lo más grande que tenemos los mexicanos, la fe verdadera, la fe en Jesucristo, y por ende el acceso a la salvación eterna, además de este bellísimo idioma que hablamos, el castellano”.

Fruto de la evangelización, destacó, se suprimió “la barbarie diabólica de los sacrificios humanos y las tinieblas de la idolatría”.

La llegada de los españoles abrió las puertas de América al “acceso a una cultura superior, la occidental, de la que hoy formamos parte, y por otro lado mantenemos muchos valores del mundo indígena, la hospitalidad, un fuerte sentido social y de pertenecía, y el enorme legado monumental que nos dejaron, y que hoy con orgullo mostramos a los millones de turistas que nos visitan”.

(INFOCATÓLICA)