Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

San Ignacio de Loyola - Dos banderasAcabo de dar una tanda de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Y he pensado que, quizás, irá bien que los lectores de Contracorriente mediten unos puntos de la meditación de las dos banderas.

El Santo dice: “El cuarto día, meditación de dos banderas, la una de Cristo, sumo Capitán y Señor nuestro, la otra de Lucifer, mortal enemigo de nuestra humana natura.

El primer preámbulo es la historia. Será aquí cómo Cristo llama y quiere a todos debajo de su bandera, y Lucifer, al contrario, debajo de la suya.

El “demandar” lo que quiero, y será aquí pedir conocimiento de los engaños del mal caudillo, y ayuda para dellos me guardar, y conocimiento de la vida verdadera, que “muestra” el sumo y verdadero Capitán, y gracia para le imitar.

El primer punto es imaginar, “así como si” se asentase el caudillo de todos los enemigos en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo, en figura horrible y espantosa”.

(El diablo odia a Dios en nosotros. Y como nada puede contra Dios “anda en torno nuestro mirando a quien devorar”. Quiere hacernos hipócritas, falsos, soberbios).

“El considerar cómo hace llamamiento de inumerables demonios, y cómo los esparce a los unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el mundo, no dejando “provincias”, “lugares”, estados, ni personas algunas en particular”.

(El único afán del demonio es llevar las almas al pecado y al infierno. Primero las aparta del servicio y amor de Dios. La tentación satánica por excelencia es el desánimo y el pesimismo).

“El considerar el sermón que les hace, y cómo los amonesta “para” echar redes y cadenas; “que” primero hayan de tentar de “cobdicia” de riquezas, como suele, “ut in plúribus”, para que más fácilmente vengan a “vano honor del mundo”, y después a “crecida soberbia”; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el 2.º de honor, el 3.º de soberbia, y destos tres escalones induce a todos los otros vicios”.

(Satanás procede gradualmente de lo indiferente a lo pecaminoso. Es fácil comenzar a ceder. Difícil deshacerse de la tentación consentida. No ceder nada. La soberbia es la independencia de Dios).

“El considerar, cómo el Señor de todo el mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas”.

(El Señor quiere que todos oigan su llamamiento. No sólo quiere salvarnos eternamente sino que nos “dispongamos a vivir en perfección”. Que seamos santos. Y nos envía a evangelizar el mundo).

“El considerar el sermón que Cristo nuestro Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía, encomendándoles que a todos quieran ayudar “en traerlos, primero, a suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere eligir, no menos a la pobreza actual”; a deseo de oprobrios y menosprecios, porque destas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones, el primero pobreza contra riqueza, el 2.º oprobrio o menosprecio contra el honor mundano, el 3.º humildad contra la soberbia, y destos tres escalones induzgan a todas las otras virtudes”.

(Lo primero que atrae de Jesús, es su caridad, el amor que nos tiene. Satanás caza a los hombres con redes y cadenas.

Jesús nos dice: “ve, vende cuando tienes y dáselo a los pobres y ven y sígueme”. Esta es la bandera de Cristo: la pobreza, oprobios, menosprecios, humildad. Sigamos a nuestro Sumo y eterno Capitán hasta el Calvario, hasta la muerte).

Coloquio: “Un coloquio a Nuestra Señora, porque me alcance gracia de su Hijo y Señor, para que yo sea recibido debajo de su bandera, y primero, en suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido y me quisiere eligir y recibir, no menos en la pobreza actual; 2.º en pasar oprobrios e injurias, por más en ellas le imitar, solo que las pueda pasar sin pecado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad, y “con esto” una Ave María.

2.º Coloquio: Pedir otro tanto al Hijo, para que me alcance del Padre, y “con esto” decir Anima Christi.

3.º Coloquio: Pedir otro tanto al Padre, para que Él me lo conceda, y decir un Páter nóster”.

¡VIVA CRISTO REY!