Sin título 5

Al pensar en la esclavitud nuestra mente se va a otras épocas lejanas donde aún faltaba mucho para hablar de los derechos humanos. Sin embargo, hoy más de 40 millones de personas siguen viviendo en condiciones de esclavitud. Hay más esclavos hoy que en esas épocas de cadenas y abusos. Y muchos de ellos son niños y niñas.

Los niños y niñas tienen un lugar y ése no es el trabajo esclavo. No son las fábricas de alfombras, ni las de ladrillos. No son las plantaciones de cacao ni las actividades domésticas. Tampoco lo son las minas ni los mercados. El sitio de los niños y niñas es la escuela y la familia. Son las aulas donde se aprende, el recreo donde se juega y el hogar donde se recibe cariño y seguridad. Los misioneros salesianos trabajan para que los niños y niñas estén en su lugar y se conviertan en “buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

Pero todos nosotros podemos ayudar a que la esclavitud infantil desaparezca. Interesarnos por cómo se producen los artículos que consumimos o exigir a las Administraciones y a los Gobiernos que se comprometan a acabar con estas prácticas son gestos que están en nuestra mano para poder cambiar el mundo.