Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Imagen de María coronada con las 12 estrellasEl depósito sagrado de la fe contenida en la Tradición divina y en la Sagrada Escritura fue confiada por Jesús y los Apóstoles a la Iglesia. El Magisterio de la Iglesia no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar íntegramente la fe divina.

Antes de escribirse los Evangelios, la Iglesia sirvió de fuente humana de certeza de la Revelación divina y de intérprete auténtica de su contenido. Fue la Iglesia quien reconoció los escritos posteriores como fieles transmisores de la verdad revelada por Dios y a la vez, rechazó otros escritos como apócrifos por falsear el mensaje de Cristo.

La Iglesia, por voluntad de Cristo e iluminada por el Espíritu Santo, es hoy el único depositario e intérprete auténtico de la Revelación divina. Por eso sería absurdo aceptar como verdadero lo revelado por Dios en la Biblia negando al mismo tiempo el Magisterio de la Iglesia, que es el fundamento del valor de la Sagrada Escritura como Revelación divina.

La fe puede ser objetiva y subjetiva.

Fe objetiva es el conjunto de verdades que Dios ha revelado y la Iglesia nos enseña. Estas verdades objetivas son: de fe divina, de fe divina-católica y de fe católica.

Verdades de fe divina, son todas las verdades reveladas por Dios contenidas en la Sagrada Escritura y en la Tradición divina.

Verdades de fe divino-católica, son las verdades reveladas por Dios en la Sagrada Escritura y la Tradición divina que la Iglesia ha declarado y definido como reveladas por Dios. Son las verdades dogmáticas o dogmas de fe.

Verdades de fe católica son las verdades que sin haber sido directamente reveladas por Dios, la Iglesia manda creerlas por la íntima conexión que tiene con las verdades reveladas.

Entre las verdades reveladas por Dios están los misterios, que son verdades reveladas por Dios que podemos conocer y concebir, pero que no podemos comprender por ser tan elevadas, tan profundas y tan inmensas que exceden a la capacidad de nuestro entendimiento. Como verdades reveladas por Dios, deben ser creídas sencilla y humildemente.

Los misterios de la fe son superiores al entendimiento humano, pero no contrarios a la razón; es decir, que no son absurdos.

Regla de fe es la norma, o medio fácil y seguro que Dios nos ha dado para saber con certeza cuales son las verdades de fe, que debemos creer como reveladas por Dios.

La “Regla remota” de fe es todo lo revelado por Dios en la Sagrada Escritura y la Tradición divina.

La “Regla próxima de fe” es el Magisterio infalible de la Iglesia, porque así lo quiso Dios Nuestro Señor. Fácil y con toda seguridad sabemos cuáles son las verdades de fe: basta creer lo que enseña la Iglesia.

La Iglesia enseña lo que el cristiano debe creer por su Magisterio extraordinario, en las solemnes definiciones “ex-cátedra” del Sumo Pontífice y en los concilios ecuménicos dogmáticos.

La Iglesia enseña también por su Magisterio ordinario (encíclicas y otros documentos del Papa), y por el magisterio de los obispos dispersos por todo el mundo. Alexis Carrell, Premio Nobel de Medicina, decía: “Yo creo todo aquello que la Iglesia Católica quiere que creamos. Y para esto no encuentro ninguna dificultad, porque no encuentro en la verdad de la Iglesia ninguna oposición con los datos seguros de la Ciencia. No soy lo suficientemente crédulo para ser incrédulo”.

La fe objetiva tiene un sólido fundamento racional en la filosofía y en la historia; la fe no es una mitología.

La filosofía, con argumentos de razón, demuestra la existencia de Dios, como ser absolutamente necesario.

La historia recoge la existencia de Jesucristo. Su vida, milagros y propia resurrección demuestran que Jesús es el Mesías prometido en el Antiguo Testamento, el Verbo encarnado, el Hijo de Dios hecho hombre.

La historia de la Iglesia, fundada por Jesús en Jerusalén y extendida por todo el mundo, demuestra con su vitalidad sobrenatural su fuerza expansiva, su admirable supervivencia, el magnífico testimonio de sus santos, mártires, confesores y vírgenes, que la fe es razonable.

Los motivos de credibilidad: milagros, profecías, historia de la Iglesia, divinidad de Jesucristo, nos confirman que la fe no es una mitología ni un instinto ciego del espíritu, sino que la fe tiene sólidos fundamentos racionales.

Volta, descubridor de las nociones básicas de la electricidad, ha dicho: “He estudiado y reflexionado mucho: Ahora yo veo a Dios en todo. Yo confieso la fe santa, apostólica, católica y romana. Doy gracias a Dios que me ha concedido esta fe, en la que tengo el firme propósito de vivir y morir”.