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Las religiosas Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, han nacido en estos tiempos lanzados hacia un exterior materialista, para dar ante nuestro mundo un testimonio vivo de fe en la Sagrada Eucaristía. Nuestra vocación contemplativa se centra en la adoración, la alabanza y la reparación al Santísimo Sacramento del Altar. En nuestras Iglesias se le tiene solemnemente expuesto día y noche.

“Aplicando vuestra capacidad de amar en la adoración y en las plegarias, vuestra existencia grita silenciosamente el primado de Dios, testimonia la dimensión trascendente de la persona humana y lleva a los hombres a pensar y a interrogarse sobre el sentido de la vida”. (San Juan Pablo II a las religiosas en Sao Paulo).

Tenemos como ideal, imitar en nuestra vida interior y exterior la vida que lleva Jesús en el Santísimo Sacramento, ofreciéndonos en oblación de amor, estrechamente unidas a la Víctima Sagrada del Altar, para la mayor gloria de su Eterno Padre (Constituciones).

Con la celebración diaria de la Liturgia de las Horas, participan las Esclavas pública y oficialmente en la oración y en la alabanza del Corazón de Jesús al Padre. Cada religiosa tiene ante el Santísimo dos horas de adoración: una durante el día y otra durante la noche. A esta última se le da un matiz especial de reparación.