JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

Otras dos precisiones

Las otras dos precisiones anunciadas son éstas: primero la maternidad moral y espiritual de Isabel, no solamente patente respecto a los franciscanos de la Observancia, al dominico Las Casas y al agustino Luis de León, que lo declararon explícitamente; sino también patente respecto a dos figuras relevantes del clero y de los religiosos. El fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola, que, a los dieciséis años, en 1506, es testigo presencial en la casa del tesorero Velázquez de Cuéllar, su preceptor en el mundo cortesano, de la “increíble venta”, como dice el reciente biógrafo de San Ignacio, Tellechea Idígoras, de los enseres y objetos personales de Isabel para cubrir sus donaciones y legados de caridad. Asombroso hecho histórico y como cambio de relevo apostólico. Digno de meditación también, otro encuentro y cambio de relevo apostólico: en Granada, Isabel, tal vez en memoria de la enfermedad mental de su madre, dedica 60.000 maravedíes para la compra de dos edificios donde los locos, hasta entonces abandonados a su suerte, serán acogidos y atendidos. Ahora bien, fue en estas dos casas de Granada donde descubrió su vocación el fundador de la primera gran institución católica al servicio de los disminuidos físicos y mentales: San Juan de Dios, milagro humano de la caridad más exigente y modelo de la mejor modernidad. Hijo, pues, también, de Isabel. Esta Isabel que así, vive todavía, de cualquier modo, cerca de nuestro Madrid de hoy, en el gran, terrible, pero acogedor y alegre hospicio de Ciempozuelos, dedicado a disminuidos mentales y físicos (hasta de seres reducidos a un simple tronco), al cuidado de los admirables, angélicos hermanos de San Juan de Dios, de origen aun fuertemente andaluz. Maravilla concreta de la condición humana, reflejo divino, que visité largamente, con uno de mis hijos, religioso novicio, y que me dejó el recuerdo más conmovedor en toda mi vida.