Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

 Introducción. —El tema: La Hispanidad, la Raza, el Americanismo. (2)

Y en esta unidad múltiple, yo no puedo sentirme ni desplazado ni aturdido, porque me encuentro como en mi Patria y entre hermanos, y sé que se me oirá, no como se oye con alma escrutadora la disertación fría de un sabio, si yo pudiera serlo, sino como se escucha a un hermano o a un padre que habla con el corazón y los brazos abiertos. En ellos os estrecho a todos, y ello me da desde este momento derecho a vuestra benevolencia.

Os la pido y la espero hasta para el mismo tema que voy a exponer. Porque pudiesen no coincidir nuestros pensamientos. Aunque atados, vosotros y yo, por éstos vínculos de unidad de que os hablaba, no todos pensamos ni sentimos igual en las cosas que Dios ha dejado a las disputas de los hombres. Españoles, americanos de veinte naciones, hijos de Portugal, Francia o Italia, rendimos culto a unas palabras que son como el denominador común que nos hace vibrar al unísono a todos: cristianismo, progreso, cultura, patriotismo, tradición y otros conceptos que son como el ideal de todo pueblo; y estas otras que concretan más el sentido de esta fiesta: la hispanidad, la Raza, el americanismo…

Pero dejad que formule unas preguntas, ante las que forzosamente se diversificará el sentir de este auditorio: ¿Qué parte tuvo España en el descubrimiento de América? ¿Llevó bien o mal la obra de la conquista y colonización? ¿Sacó España de su obra todo el partido a que tenía derecho? O, por el contrario, ¿fue una codiciosa explotadora de lo que la casualidad, más que su valer, pusiera en sus manos?

Más: las naciones americanas se independizaron de España; ¿qué parte tuvo la madre en la acción de sus hijas? ¿Es que fue madrastra durante siglos, o tirana, o inepta? España, en las historias que han predominado, durante siglos, sobre su actuación en América, desde Las Casas hasta un libro reciente que nos llena de afrenta, ¿ocupa el lugar justo que le señalan los hechos, no las malas voluntades, o, por el contrario, son la exageración, la mentira, la calumnia, las que la han desplazado, deshonrándola? Son múltiples las cuestiones que el americanismo suscita: ¿Tiene que retirarse Europa de América? ¿Es España la que tiene mayores destinos en ella? Los pueblos latinos de Europa y de América tienden a solidarizarse; ¿qué pensamiento debe predominar en esta gran solidaridad, qué ideal: ¿el religioso, el económico, el social o político?