“El Concilio Vaticano II no ha sustituido ni suprimido una sola verdad de fe ni un solo principio moral de los catecismos anteriores”.

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Segundo: Todos debemos conocer estas verdades ya formuladas: en el Credo, en las profesiones de fe (como la de San Pablo VI), en los catecismos autorizados…

Tercero: El Concilio Vaticano II no ha sustituido ni suprimido una sola verdad de fe ni un solo principio moral de los catecismos anteriores.

Cuarto: Sin duda, puede haber novedad en el modo de expresar o de aplicar las verdades, con fide­lidad al contenido de las mismas. Puede haber des­arrollo orgánico, que ilumine distintos aspectos de la verdad revelada, pero en armonía con ella y sin su­ plantarla. El que oye cosas nuevas tiene derecho a ver esa armonía.

Para ello, tomará como puntos de referencia las verdades que ya conoce. Si su conocimiento se resume en un viejo catecismo familiar, debe pedir que el que habla muestre su conformidad con él, no porque no se pueda mejorar la exposición, sino por exigencia elemental de la pedagogía, según la cual se ha de avanzar desde lo conocido hacia lo desconocido.

Quinto: Si la conformidad no aparece clara, suspender el juicio. Si hay disconformidad, resistir en nombre de Dios.

Conviene advertir que las nuevas fórmulas o maneras de expresar la verdad se justifican solamente en cuanto sirven para hacerla más inteligible a los que escuchan. Si los destinatarios no las entienden como sucede ahora con frecuencia, algo falla. Al que las propone toca explicarse con más claridad; y mientras no lo consiga, no solamente es lícito, sino obligado, suspender el juicio.

Sexto: Todos los fieles, según su capacidad y con la ayuda de Dios, pueden contribuir a hallar las nuevas expresiones o aplicaciones, o una inteligencia más íntima de la palabra de Dios. Pero lo que garantiza autorizadamente a todos que no se trata sólo de consideraciones humanas en torno a la palabra, sino de su auténtico significado, es el magisterio, cuando propone la verdad que todos hemos de acoger por obediencia a la autoridad de Dios.