Jesús habló claramente: «Si me amas, guarda mis mandamientos” ¿Quieres salvarte? Observa mis mandamientos. Aquí no hay escapatoria: para querer bien a Jesús y para salvarte, es necesario que hagas lo que Él te manda: observar sus santos mandamientos.
A ti no te queda más que obedecer. Sí, es necesario obedecer. Pero la obediencia debe ser completa; observarlos todos y siempre.
Dios no ha dado ni cinco, ni siete mandamientos, sino diez; y al infierno se va lo mismo por transgredir uno que los diez. A la cárcel no se va por cometer muchos delitos; basta un solo delito.
El fresco venerado, considerado como el icono mariano preeminente de la Basílica de San Pedro, antes y después de la restauración. (Foto por M. Falcioni, Fabbrica di San Pietro)
Durante la Edad Media, esta imagen de la Virgen y el Niño era venerada en el transepto sur de la Antigua Basílica de San Pedro, el edificio que construyó el emperador Constantino en el siglo IV, donde estaba colocada en un nicho encima del altar de San León Magno (440-461). Cuando se deterioró con el tiempo, el cuadro fue sustituido en la segunda mitad del siglo XV por un fresco creado por un talentoso artista con base en la imagen mariana original.
En 1543, en el proceso de desmantelar la vieja basílica para abrir el espacio para la estructura que permanece hasta hoy, el Papa Pablo III transfirió el fresco de Nuestra Señora. Algunas cartas de archivo no publicadas y fuentes literarias ya olvidadas documentan la remoción del fresco de su lugar original, tarea que implicaba cortarlo de la pared y repintar luego las partes inferiores de la imagen y el fondo. Durante más de 50 años, el fresco permaneció expuesto encima de un altar junto a la estatua de bronce de San Pedro, en una sección de la basílica del siglo cuarto que se salvó de la demolición.
Fue el Papa Gregorio XIII (1572-1585) quien decidió desplazar el fresco una vez más y transfirió a Nuestra Señora del Socorro a la basílica del Renacimiento, que aún estaba en construcción. Lo hizo para dar espacio a la antigua devoción que no dejaba de aumentar por esta imagen “llena de gracia”. Así, el 12 de febrero de 1578, en el primer domingo de Cuaresma, el icono mariano fue transportado en procesión solemne hasta la Capilla Gregoriana, adornada por el Papa con mármoles de color, piedras preciosas y mosaicos resplandecientes. Esta fue la primera vez que se expuso una imagen sagrada para su veneración en la nueva basílica. Como fondo para el fresco, engarzado como una gema en un marco de cuarzo verde, se añadió un cielo tachonado de estrellas, rodeado a su vez por ocho magníficos querubines de bronce recubiertos de oro.
En 1580, las reliquias de San Gregorio Nacianceno (330-390), un padre y doctor de la Iglesia, fueron colocadas debajo del altar. Poco después, se instaló un tabernáculo de madera para el Santísimo Sacramento. El altar de la Capilla Gregoriana se convirtió así en el primero de los siete altares privilegiados de la basílica, a los que se atribuían indulgencias especiales.
El 17 de noviembre de 1643, la Madonna del Soccorso fue coronada con gran ceremonia por el Cabildo Vaticano, una entidad administrativa fundada en el siglo XI. Sin embargo, las coronas de oro originales se perdieron durante los decomisos de la época de Napoleón en 1798; las actuales se remontan a la segunda mitad del siglo XIX.
Cuatro años más tarde, junto con la remoción del tabernáculo del siglo XVI, el fresco de la Virgen y el Niño también fue desprendido. Como la parte inferior de la pintura había sufrido un daño irreparable, se redujo de tamaño. Es más, el humo de las velas y las lámparas había manchado hasta tal punto la imagen que era casi irreconocible. Un pintor anónimo intentó rejuvenecer los rostros con pigmentos de color carne manteniendo el máximo respeto por los rasgos subyacentes.
Luego metieron esta imagen mariana retocada en un nicho más pequeño. Bajo la dirección de Gian Lorenzo Bernini, los maestros albañiles Balsimello Balsimelli y Giovanni Maria Fracchi crearon un elegante cuadro incrustando fragmentos de mármol de colores debajo del fresco para formar un florero de alabastro con rosas y lirios blancos, que son símbolos de caridad y pureza.
«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
El Consiliario
* La modestia y el recogimiento espiritual ha de ser alegre, no de cara de adoquín.
* Los fracasos nos llevan a la humildad. Sé valiente, lucha siempre contra el fracaso y alcanzarás la humildad.
* La mujer no ha sido creada por las ideologías modernas. La ha creado Dios, hermosa y graciosa. Con una generosidad indecible.
* En democracia todos se rige de la ley del soberano. No importa que la ley sea justa o injusta. O diabólica: aborto y demás leyes anticristianas.
* La Virgen María es causa de nuestra alegría. Ojo con la tristeza que suele ser causa de muchos pecados. ¡Causa de nuestra alegría, Virgen María! ruega por nosotros.
* «El amor de los sacerdote, es el amor más desinteresado que existe en la tierra. Nadie muere tan santamente rodeado de un amor tan intenso y ardiente, como el sacerdote pastor de almas» (Cardenal Manning).
* El feminismo radical miente y engaña a la mujer. Quiere imponer una sociedad basada en lo que sueña su fantasía. Fantasía que lleva a la mujer a la felicidad «La imaginación está loca», «nos dice Santa Teresa de Jesús».
Jesús te ama… y te da su Corazón, símbolo de amor. Sobre este corazón se enciende una llama que quiere extenderse e inflamar todos los corazones. ¡Jesús te ama! He venido -dice Jesús- a traer el fuego del amor sobre la tierra y ¿Qué puedo desear, sino que ese fuego se encienda?
Mírate a ti mismo. ¿Cómo correspondes al amor de Jesús? ¿Lo amas con todo tu corazón, con todas las fuerzas?
A la mañana, cuando te despiertas, ¿tienes un pensamiento para Jesús? ¿Le rezas durante el día alguna jaculatoria?
«Quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir» (Testamento de Francisco Franco).
Deformación liberal del auténtico sentido católico
Un hecho hay incuestionable: es el daño que a la Iglesia ha venido causando el régimen liberal de partidos políticos y la división en derechas e izquierdas en que cristalizó, en una de cuyas partes se vio la Iglesia acorralada; no porque ella lo hubiese elegido, sino porque no se le dejó opción, ya que constituyó el único espacio en que se le permitía su función apostólica y docente. En la derecha acabó concentrándose el capitalismo, los grupos de presión, el conservadurismo, los empresarios, los ricos, los católicos, los patriotas y los que tenían algo que perder, mientras en la izquierda figuraban los que enarbolaban la bandera social, los liberales, los marxistas y comunistas, los organismos sindicales de lucha, los revolucionarios, los laicos y ateos y los enemigos de la Iglesia. Así, lo católico aparecía falsamente colocado como adversario de lo social, el obrero entre los enemigos de la Iglesia y de la Patria, y la izquierda, como monopolizadora del progreso social.
El Movimiento vino precisamente a liberar a unos y a otros de tan falsa postura, a colocar a la Iglesia en su superior magistratura por encima de las pasiones políticas y las diferencias entre los hombres, y su consecuencia ha sido ese balance de veinticinco años de paz a que nos hemos referido, y que demuestra que los españoles sabemos vivir la fe hasta las últimas consecuencias sociales y comunitarias, y que en este camino no hemos bajado, ni bajaremos jamás la guardia, y utilizaremos para ello todos los tesoros de energía espiritual que alientan en nosotros.
(8-VII-1964: Cortes Españolas. —Inauguración VIII Legislatura).