* «Ignacio Zuloaga consideró a Franco instrumento de Dios para ganar la guerra» (Pedro Fernández Barbalillo).
* No olvidemos que sin el Papa no hay Iglesias. Recemos, sacrifiquémonos. ¡Viva el Vicario de Cristo! ¡Viva Cristo en la tierra!
* «España llegó a ser más tarde la nación más importante del orbe, la creadora del primer Imperio Universal de la Historia» (Carlos Baltés).
* Cuándo murió el obispo de España Don José Guerra Campos, escribí un artículo con este título: «Obispo José Guerra Campos, Santo, Sabio y Valiente». Y lo fue en grado superlativo.
* «San Claudio La Colombière fue el primero que se consagró al Sagrado Corazón y el primero que experimentó cuán dulce es morir pensando que nos va a juzgar nuestro Sumo y eterno Capitán» (Padre Alba).
* En veinte años, tras la guerra civil, España pasó de ser un país agrario mal compuesto, cruzado por brechas sin sutura posible, con amplias capas de población literalmente muerta de hambre, a ser un país industrial y ostensiblemente prospero.
* «Ante un peligro tan inminente, en medio de una guerra tan despiadada y tenaz contra el cristianismo es nuestro deber señalar este peligro, descubrir a los adversarios, resistir en lo posible y propósitos, sus tácticas para que no parezca eternamente aquellos cuya salvación no nos está confiada» (Humanum Gemus).
Antes de conocer a Monseñor Guerra Campos, yo oía comentarios sobre él de que reunía en su persona el atractivo de la santidad y el de una gran simpatía natural; pero después de algún tiempo de conocerlo y tratarlo más de cerca veía que a aquella realidad se podían añadir muchas más cualidades: además de santo, era sabio, humilde, sencillo, amabilísimo en el trato, paciente para escuchar, agudo para penetrar y resolver atinadísimamente los conflictos que nos preocupaban.
En las audiencias que nos concedía nunca manifestaba cansancio ni prisa por terminar. Por el contrario, como si no tuviera nada más importante, nos atendía durante dos horas o más, que eran para nosotras de grandísimo provecho y enseñanza.
Ante su compostura y porte tan digno, a la par de la confianza que inspiraba, se sentía también la presencia de la autoridad que representaba.
Y todo esto lo veían y alababan hasta la gente de los pueblos.
Coincidimos varias veces en sus confirmaciones y pudimos comprobar el interés. y, la unción que ponía en aquellas celebraciones. Sus catequesis eran magistrales, tanto si el auditorio era multitudinario como si se trataba del último villorrio de la provincia. Le oí predicar una vez que la iglesia, y él en su lugar, atendía a todos y a cada uno en particular y que no le pesaría seguir allí si preciso fuera, durante toda la tarde y aún la noche entera.
En cierta ocasión, y a propósito de esto, por haber un solo confirmando en una de las aldeas, el párroco para simplificar, dispuso que el muchacho se uniera a la ceremonia del otro pueblo con grupo numeroso. Al llegar el Sr. Obispo y enterarse por el mismo párroco, que esto había causado disgusto a la familia del chico, le ordenó inmediatamente que rectificara el plan y subiera al pueblo antes que él y preparara todo lo necesario para que la confirmación del confirmando único fuera en su pueblo. Esto complació muchísimo a toda la gente que disfrutó lo indecible con la preciosa celebración y mayor presencia del Sr. Obispo.
Cuando lo hicieron Obispo de Cuenca, nos ofrecimos para trabajar en sus parroquias rurales y enseguida nos buscó lugares necesitados.
Desde entonces nunca dejó de darnos su más cordial acogida y protección, convirtiéndose para nosotras en el mejor consejero, al que acudíamos en los momentos difíciles con verdadera confianza filial.
Sintiéndonos, pues, tan vinculadas a él, nos ha afectado y entristecido muchísimo su muerte; pero estamos seguras que después de haber combatido tanto en la tierra por la causa de Dios, habrá recibido ya su corona de gloria y que desde el Cielo seguirá protegiéndonos.
D. José siempre llevó en lo hondo de su corazón a todos y cada uno de los feligreses de Cuenca. Amaba como buen padre y pastor a todos los sacerdotes de Cuenca.
«Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».
Mossèn Manel
* Estoy convencido que en el mundo hay más santos que endemoniados.
* «No te acostarás con varón como con mujer, es una abominación» (Lev 18, 22)
* No sea ama lo que no se conoce. Para entender hay que amar. El amor es alegría.
* Santo Tomás de Aquino escribe: «La visión de la Trinidad: He aquí el fruto sabroso y fin de toda la vida humana».
* El pueblo elegido por Dios, para que sea la fuente de salvación eterna de todos los pueblos de la tierra es Israel. Oración y mas oración para que se convierta.
* Mi obispo Don José Guerra Campos afirmó que los autores de la ley del aborto eran pecadores públicos. No podían recibir los Sacramentos. Los otros obispos no se enteraron. Abobados miraban al Cielo.
* Hay una placa en la antecámara de la tumba de Lázaro, que dice así: «La gloria de Dios se puede ver en aquellos que ponen su fe en Jesús en los tiempos de mayor angustia y desesperación ellos están persuadidos de que Él es mayor que cualquier aflicción, ¡aún mayor que la misma muerte!».
Terminado el concilio de Jerusalén, Pablo, acompañado de Silas, se dirigió por Siria a Cilicia y Licaonia, donde visitó las comunidades cristianas de Derbe y Listra. Allí se les unió su discípulo, converso, Timoteo. Pasaron a Iconio y continuaron a través de Asia Menor; llegaron a Tróade, desde donde embarcaron hacia Macedonia; allí se les unió el médico Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles. Era el primer territorio europeo que pisaba San Pablo.
Pablo fue encarcelado en Filipos; en la cárcel convierte al carcelero. Cuando le dejan en libertad y tiene que abandonar la ciudad, deja una buena comunidad cristiana. En Filipos convirtió a la matrona Lidia (Hch 16, 14).
Pablo llega a Tesalónica y predica en la sinagoga. Consigue muchas conversiones que provocan una persecución sangrienta de los judíos contra los cristianos; Pablo huye de la ciudad y marcha a Berea, donde predicó también con éxito, pero perseguido de nuevo por los judíos, se fugó. Huyendo llegó a Atenas, centro de la cultura clásica, donde tuvo la oportunidad de dirigir la palabra en el areópago; se convirtieron algunas personas importantes, entre ellos Dionisio el Areopagita.
San Pablo quedó defraudado de la superficialidad de los filósofos, que se burlaban de él, y decidió marcharse a Corinto, la ciudad más rica del Oriente europeo, donde vivió año y medio. Los judíos le denunciaron al procónsul Galión, pero Pablo resolvió todas las dificultades. Allí convirtió al jefe de la sinagoga, Crispo, y organizó una de las comunidades cristianas más importantes.
Desde Corinto escribió Pablo las primeras cartas que se conservan, dirigidas a los cristianos de Tesalónica. El año 53 dejó Corinto para ir a Jerusalén y cumplir una promesa que había hecho. De Jerusalén se dirigió a Antioquía.
– TERCER VIAJE APOSTÓLICO DE SAN PABLO
El año 54 emprendió Pablo su tercer viaje apostólico, acompañado del joven Tito. Primero hizo una gira rápida por Asia Menor y después se dirigió a Éfeso, una de las ciudades más importantes del Oriente, donde vivió dos años y medio, desarrollando una actividad apostólica extraordinaria.
En Éfeso, Pablo consiguió muchas conversiones, lo que le proporcionó una violenta persecución que fue causa de su salida de la ciudad. De Éfeso marchó a Tróade y de allí a Macedonia. En Filipos se encontró con Timoteo, a quien había mandado a Corintio con una carta para aquellos cristianos. Las noticias que le dio Timoteo alegraron el corazón de Pablo, que se animó a escribirles otra carta. San Pablo escribió también a los cristianos de Galacia.
Pocos días después partió para Grecia. Estuvo tres meses en Corintio. Aquí escribió la famosa Carta a los Romanos, que es un verdadero tratado de teología.
De Corintio emprendió el viaje de vuelta a Jerusalén, atravesando Macedonia. En Tróade resucitó a un muerto. Al despedirse de Mileto, predicó con mucha ternura. Pasó a Cesarea y de allí a Jerusalén, donde entregó abundantes limosnas a los cristianos de esta comunidad. Era el año 58.
– SAN PABLO PRISIONERO EN JERUSALÉN
Pablo fue acogido con gran alegría en Jerusalén (Hch 21, 17 ss). Pero no por todos. Los judíos venidos de Asia Menor se alborotaron y se enfrentaron contra el Apóstol de los gentiles, poniendo en peligro su vida. El tribuno Lisias logró arrebatarlo de las manos de las turbas y, para contentar al pueblo quiso castigarlo, mandando que lo azotaran. Pablo lo impidió, alegando su derecho de ciudadano romano.
Lisias mandó que el Sanedrín juzgara a Pablo, pero dándose cuenta que lo querían condenar a muerte sin pruebas, lo impidió.
Los judíos se comprometieron a no comer ni beber hasta que no hubieran matado a Pablo. Lisias, para desembarazarse del problema, envió a Pablo a Cesarea, para que el procurador Félix se hiciera cargo del preso. Dos años estuvo preso (58- 60) en la cárcel de Cesarea.
Festo, sucesor de Félix, quería que Pablo fuera juzgado de nuevo por el Sanedrín. El Apóstol apeló al César y fue enviado a Roma (Hch 25, 10ss).
¡Gloriosísimo Patriarca San José, dignísimo esposo de la Madre de Dios, padre adoptivo de nuestro adorable Redentor!
Gloriosísimo patriarca San José, dignísimo esposo de la Madre de Dios, padre adoptivo de nuestro adorable Redentor y poderosísimo abogado nuestro en toda tribulación, en toda necesidad y en todo peligro: os elijo por mi patrón y abogado para toda mi vida y para mi muerte. Os pido humilde y con toda mi alma que me recibáis, santo mío, por perpetuo siervo y esclavo vuestro, y que con vuestro poderoso valimiento me alcancéis la continua protección de vuestra Esposa, la Inmaculada Virgen María y las misericordias de mi amantísimo Jesús. Asistidme siempre y bendecid mis palabras, obras, acciones, pensamientos y deseos para que en todo me conforme a la voluntad divina, y así, sirviéndoos constantemente, logre con vuestro patrocinio una feliz muerte. Así sea, Jesús, María y José.