SAN AGUSTÍN: “Él mismo, habiendo sido un Maniqueo, y ahora católico, deseó distanciarse de la atribución maniquea del pecado humano al poder de la oscuridad, que supuestamente se apodera de la persona humana, eliminando el albedrío moral y la responsabilidad individual”.

Recapitulada por el P. Cano

– EL GNOSTICISMO

La herejía más peligrosa para el Cristianismo fue el Gnosticismo. El punto de arranque de esta herejía fue el deseo de resolver el problema del mal. La respuesta de los gnósticos es un sincretismo elaborado con filosofías neopitagóricas y neoplatónicas, elementos procedentes de las religiones orientales de Egipto, Persia y Caldea, y doctrinas cristianas, sobre todo, la idea de la Redención.

Los gnósticos aceptan a un Dios Supremo y, por debajo de él, una multitud de ”eones”, seres semidivinos, intermediarios entre el Ser Supremo y el mundo que, junto con Dios, forman el Pleroma, el mundo superior y luminoso del Dios verdadero.

Nuestro mundo material e imperfecto, donde reside el mal, no es obra de Dios Supremo, sino de un ser creado, el Demiurgo. En este mundo creado se encuentra desterrado el hombre, en el que late una centella de la suprema divinidad. De ahí el deseo que el hombre siente en lo más íntimo de su ser de unirse con el Dios Supremo y verdadero para verse libre del mal.

Los gnósticos parten del principio fundamental de que sólo la ”gnosis”, el conocimiento perfecto de Dios y de sí mismo, permitiría al hombre liberarse de los malignos poderes del mundo creado y alcanzar el universo luminoso, el Pleroma del Dios Padre y Primer Principio.

Estos herejes afirman que el conocimiento gnóstico lo enseñó Jesucristo solamente a los discípulos más íntimos y se ha transmitido por los maestros gnósticos. Los creyentes que recibieron esta revelación eran cristianos de rango superior, hombres espirituales -“pneumáticos”- que tenían un conocimiento perfecto de Dios, el cual les aseguraba la salvación eterna. Los demás cristianos, los ”psíquicos”, tenían un cristianismo de inferior calidad que les permite una salvación inferior por la fe y las buenas obras.

– EL MANIQUEÍSMO

El maniqueísmo es una herejía derivada del gnosticismo. Es una mezcla del dualismo persa, algunas ideas budistas y gran parte de principios cristianos.

Mani fundador del maniqueísmo, predicó en la India el año 240 y el 241 en Persia, donde fue encarcelado y sentenciado a muerte.

La base doctrinal de todo el sistema de Mani es la oposición eterna entre los dos principios, la luz y las tinieblas, el bien y el mal. Él los llama Ormuzd y Ahriman. A estos dos principios les rodean diversos elementos. A Ahriman, las tinieblas, el barro, viento, fuego y humo. A Ormuzd los elementos puros, luz, fuego, viento, agua y tierra. Entre ellos se entabla una tremenda lucha, en la que vencen los elementos malos.

Mani enseñaba que Jesucristo no es otra cosa que partecitas de luz. Cristo enseñó la doctrina que debía liberar a los hombres; pero los Apóstoles lo entendieron mal y por eso tuvo que enviar al Paráclito, que es Maní, cuyas enseñanzas se compendian en tres sellos: signaculum manus, abstención de trabajos serviles; orir: abstención de carne y vino; sinus: privación del matrimonio, pero no de relaciones sexuales.

El maniqueísmo produjo grandes perturbaciones en los siglos III y IV. Los Emperadores romanos tuvieron que intervenir dictando penas severísimas y aún la pena de muerte. No obstante, las ideas maniqueas echaron hondas raíces en todas partes, de tal forma que muchas herejías medievales pueden ser consideradas como retoños del maniqueísmo.

– EL MONTANISMO

Cuando empezaba a desaparecer la herejía gnóstica, comienza otra distinta en Oriente: el Montanismo. Surgió hacia el año 170. Montano, después de recibir el Bautismo, empezó a anunciar que era el Profeta del Espíritu Santo y que este Espíritu iba a revelar por medio de él la plenitud de la verdad. A su mensaje se unieron Priscila y Maximila, que le ayudaron a difundir el montanismo por Asia Menor.

El rasgo característico del Montanismo era la proximidad de la segunda venida de Cristo, y con ella el comienzo de la Jerusalén celestial. Los cristianos tenían que preparar el advenimiento con una rigurosa vida moral: renuncia al matrimonio, ayuno y mortificación, buscar el martirio, prohibición del ornato en la mujer, no aceptar cargos públicos, ni tener obras de arte paganas, etc. los pecados de homicidio, adulterio, apostasía no podían ser perdonados.

Lucharon contra el Montanismo Apolinar de Hierápolis, Melito de Sardes, Milcíades, Apolonio. El Papa Víctor excomulgó a los montanistas.