San Agustín y los donatistas

Recapitulada por el P. Cano

– EL CRISTIANISMO FUERA DEL IMPERIO ROMANO

El Cristianismo se fue extendiendo fuera del Imperio Romano. En Persia existían ya desde el siglo III gran número de iglesias, cuyo centro se encontraba en Seleucia-Klesifón. Se formaron con los cristianos que huían de las persecuciones romanas. El rey Sapor II (309-381) favoreció a los cristianos.

Los armenios se convirtieron al Cristianismo por el esfuerzo misionero de Gregorio el Iluminado, que fue ordenado obispo el año 302 por el Metropolitano de Cesarea de Capadocia.

Desde Armenia el Cristianismo llegó a Georgia, al sur del Cáucaso. Sucedió hacia el año 326 y fue obra de la esclava cristiana Nuna. De allí se extendió hacia el este, a los alavancos, y al oeste, los lazios.

A los homéridas o sabeos, del sur de Arabia, les predicó el año 350 el obispo arriano Teófilo. En el año 636, un sacerdote nestoriano persa predicó en China el Evangelio.

El Cristianismo fue introducido en Abisinia en tiempo de Constantino por dos jóvenes cristianos de Tiro, Frumencio y Edesio.

Los pueblos germánicos godo y borgoñón conocieron el Cristianismo antes de la invasión de los bárbaros.

– LA HEREJÍA DONATISTA

Si la historia externa de la Iglesia fue dura y combativa en este período, mucho más lo fue la historia interna; sobre todo en su lucha contra las herejías.

Herejías extraordinariamente peligrosas, pues aún no se habían definido los dogmas fundamentales del Cristianismo. En estas luchas internas destacaron los Santos Padres y los Concilios ecuménicos.

La primera herejía que se presenta en este tiempo es el donatismo. Nació en Cartago a principios del siglo IV y su impulsor fue Donato, quien enseñaba que la eficacia de los sacramentos depende del estado de gracia del ministro. Por tanto, eran inválidos los sacramentos administrados por un hereje o pecador. Por eso rebautizaban a los que convertían a su secta.

Según los donatistas, la verdadera Iglesia estaba compuesta sólo de miembros puros y limpios; por tanto los pecadores debían ser expulsados de la Iglesia.

A Donato se le enfrentó Optato de Mileve, pero quien luchó literariamente contra los donatistas, fue San Agustín, quien, a partir del año 393, escribió varias obras contra los donatistas. La invasión de los vándalos acabó con estos herejes fanáticos en el año 430.

– EL ARRIANISMO

Arrio nació en Libia y fue discípulo de la escuela de Antioquía. Poseía una dialéctica acerada y hacía profesión de asceta y místico, pero también era tenaz y terco en sus opiniones.

Comenzó a enseñar su herejía a partir del año 318: No hay más que un solo Dios, eterno e incomunicable. El Verbo, Cristo, no es eterno, sino creado de la nada; sólo es una simple criatura, más excelente que las demás; pero no consubstancial con el Padre. Por consiguiente, Cristo no es Dios.

Arrio fue pronto advertido por su obispo Alejandro, pero no le hizo caso. Entonces el obispo reunió un Concilio el año 321 en Alejandría. Los cien obispos reunidos condenaron la nueva herejía. Arrio y sus seguidores fueron excomulgados. Arrio no se sometió; marchó a Palestina y luego a Nicomedia donde convenció a los obispos Eusebio de Nicomedia y Eusebio de Cesarea de la autenticidad de su doctrina y los arrastró a su herejía.

Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el Emperador Constantino creyó que debería intervenir y, aconsejado por el obispo Osio de Córdoba, convocó el concilio de Nicea (325). Asistieron más de trescientos obispos y los representantes del Papa, Vito y Vicente. Constantino también estuvo presente.

Presidió el concilio Osio, quien presentó la fórmula »Consubstantialis Patri», con la que se afirmaba que el Hijo es la misma substancia que el Padre, por tanto igual a Él y Dios como Él. Se obligó a todos los obispos a que suscribieran esta fórmula. Sólo dos obispos arrianos se negaron a admitirla y fueron desterrados, junto con Arrio.

Pero el arrianismo había penetrado ya demasiado hondo en la Iglesia y sus partidarios no se dieron por vencidos con la condena del concilio Niceno. Con intrigas consiguieron revocar el destierro el año 328. Y con calumnias y difamaciones, consiguieron el destierro de San Atanasio “martillo del arrianismo». El arrianismo se fue extendiendo por toda la Iglesia con el apoyo de los Emperadores.