León XIII, encíclica Libertas

Papa León XIIIY en efecto, dejando el juicio de lo bueno y verdadero a la razón humana sola y única, desaparece la distinción propia del bien y del mal; lo torpe y lo honesto no se diferenciarán en la realidad, sino según la opinión y juicio de cada uno; será lícito cuanto agrade, y, establecida una moral, sin fuerza casi para contener y calmar los perturbados movimientos del alma, quedará naturalmente abierta la puerta a toda corrupción. En cuanto a la cosa pública, la facultad de mandarse separa del verdadero y natural principio, de donde toma toda su virtud para obrar el bien común; y la ley que establece lo que se ha de hacer u omitir, se deja al arbitrio de la multitud más numerosa, lo cual es una pendiente que conduce a la tiranía.