Bruno

virgen maría con niño jesús en el pesebreLa Congregación de la Fe ha respondido que es lícito realizar la histerectomía en esos casos, “porque no se trata de esterilización”. Y explica que “el elemento que hace esencialmente diferente la pregunta actual es la certeza alcanzada por médicos expertos de que, en caso de embarazo, el mismo se detendría espontáneamente antes de que el feto alcance el estado de viabilidad. Aquí no se trata de dificultades o riesgos de mayor o menor importancia, sino de una pareja para la cual no es posible procrear”. La respuesta es sorprendente, porque basa su argumentación en la idea de que si el feto no llega a nacer, no hay procreación. Esa afirmación, sin embargo, es obviamente falsa. La Iglesia siempre ha creído y enseñado que el feto es una persona humana y que, por lo tanto, desde el mismo momento de la concepción ya hay procreación. Baste recordar el Catecismo de la Iglesia Católica:

“La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1). “Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado” (Jr 1, 5)” (CIC 2270) ¿Acaso puede la Congregación de la Fe afirmar que los padres que han tenido un hijo, si ese hijo no sobrevive hasta el parto, no han procreado? ¿Cómo puede basar su respuesta a una duda moral en esta afirmación evidentemente errónea?

Por otro lado, esta premisa errónea lleva a una serie de consecuencias igualmente absurdas a la hora de calificar moralmente la operación: “La intervención médica en cuestión no puede juzgarse como anti-procreativa, porque se está en presencia de un contexto objetivo en el que ni la procreación ni como resultado la acción anti-procreativa son posibles”. En otras palabras, la Congregación considera que la operación no puede ser antiprocreativa porque la procreación “no es posible”, a pesar de que ha reconocido unas líneas antes que la procreación, lejos de ser imposible, se produce (porque se produce la fecundación del óvulo, que es el momento en que se procrea), al margen de lo que suceda después (que el niño muera o no durante el embarazo).

Es falso, pues, que la procreación no sea posible y, por lo tanto, es falso también que la operación no sea “antiprocreativa”. Parece evidente que toda la argumentación se derrumba en cuanto se tiene en cuenta que el niño no nacido, según la doctrina de la Iglesia, es un ser humano, con la misma dignidad los que ya han nacido. Y que es un despropósito moral hacer depender esa dignidad del tiempo que va a vivir.