Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Santisima Trinidad y loa ángelesHay quienes afirman que los católicos somos tontos, que no pensamos, que nos tragamos los dogmas de fe a toneladas. Por mi parte, digo que no hay ningún animal que crea en Dios. Para creer en Dios se tiene que razonar y tener rectitud de voluntad.

Vintilia Horia, que fue Catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares, dijo: “Es falso creer que la fe es algo perteneciente al pasado más remoto de nuestra civilización. Yo sostengo lo contrario. Hoy día la mayor parte de los científicos creen. No se puede medir o pesar un ser espiritual. La ciencia no niega la existencia de Dios porque no tiene como objeto de investigación la existencia de seres espirituales.

Werner Heisemberg, el físico que ha revolucionado la ciencia del siglo XX, Premio Nobel, ha dicho: “Es posible establecer contacto entre el alma y Dios, de la misma manera que un ser humano puede establecer contactos con otros seres humanos. Lo que sí creo cierto es en Dios y que de Él viene todo. Las partículas atómicas tienen un orden y una armonía que tienen que haber sido impuestas por alguien”.

Desde el inicio de la historia hasta el día de hoy los hombres han expresado su relación con Dios por medio de sus creencias y costumbres religiosas (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). De tal manera que el hombre aparece en la historia como un ser esencialmente religioso.

La existencia de Dios es connatural al alma humana, la descubre el sentido común. Una de las cosas que más fácilmente aprende el niño y que más imperiosamente le domina es la existencia de Dios. Y el adulto no puede sustraerse a la objetividad de la existencia de Dios, verdaderamente avasalladora, si está libre de prejuicios y pasiones desordenadas.

Nadie acepta que el reloj que lleva en la muñeca se ha hecho solo, porque la existencia de su reloj supone la existencia de una inteligencia y un poder que lo ha inventado y hecho. De la misma manera que el reloj reclama la existencia de una inteligencia y un poder, el mundo con su variedad, con su conjunto innumerable de seres a cuál más maravilloso, con su orden y movimiento, presupone una inteligencia y un poder infinitos. Esa inteligencia y poder infinitos la tiene Dios, principio y fin de todas las cosas. No hay reloj sin relojero, no hay mundo sin Creador.

A. Compton, profesor de Física en la Universidad de Chicago, ha dicho: “Lejos de estar en conflicto, la Ciencia se ha hecho aliada de la Religión. Al aumentar nuestros conocimientos de la naturaleza, nos hemos relacionado mejor con el Dios de la naturaleza. Naturalmente, son muy pocos los modernos hombres de ciencia que defienden una actitud atea”.

Lógicamente no debería haber ateos, pues las razones de la existencia de Dios son asequibles a cualquier inteligencia, de tal modo que toda persona sensata y razonable puede conocer la existencia de Dios. Sin embargo, hay hombres y mujeres que viven como si Dios no existiera. También hay políticos ateos que procuran desterrar a Dios de la sociedad. Incluso no han faltado ateos especulativos que han inventado hipótesis y sistemas ideológicos, para explicar el mundo y todas las cosas sin Dios, y así relegar a Dios a la categoría de mito; pretensión inútil, pues nada han conseguido.

El ateo afirma que Dios no existe, pero no tiene pruebas para demostrar que Dios no existe, porque no las hay. El ateísmo es, pues, una profesión de fe en la inexistencia de Dios. El ateo no tiene razones para justificar su posición.

Francisco González de Posada, Rector de la Universidad de Santander y Catedrático de Física, ha dicho: “La ciencia de hoy no le da al ateo ningún dato que le confirme en su ateísmo”.

“No hay más que dos clases de personas a las que se pueden llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen, o aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen” (Pascal).

“Yo quisiera poder ver un hombre sobrio, moderado, casto, equitativo… que negase la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Ése, al menos, hablaría sin interés, pero un hombre así no se encuentra” (La Bruyère).

“Nadie niega a Dios, sino quien tiene interés en que Dios no exista” (San Agustín).

Hemos leído en El Eco de la Milagrosa que Antony Flew, el ateo más famoso del mundo, cambia de opinión y dice que Dios existe.

El ateísmo mundial se tambalea ante el avance de la ciencia (afirma el propio Flew).

Una auténtica conversión intelectual del “ateísmo” al ‘teísmo”. Le costó 80 años descubrir la existencia de Dios a través de la razón y de los últimos avances científicos. Reconoce, al final de su vida, que el ateísmo actual tiene muchas falacias y fallos en la argumentación.

Sin ir más lejos, el biólogo ateo Richard Dawkins, que se autoproclama “apóstol del ateísmo”, aporta un único argumento para explicar la complejidad ordenada de la materia viva y del ADN. Dawkins afirma que el origen de todo esto es el “azar afortunado”. Y Flew le responde: si este su mejor argumento, entonces el asunto queda zanjado. Es imposible que el “azar afortunado” genere toda la complejidad perfectamente ordenada del universo y de la vida.