Papa Francisco

Jesucristo dando la Comunión niñaSan José era además un hombre concreto, pero con el corazón abierto, el hombre de los sueños, no un soñador. El sueño es un lugar privilegiado para buscar la verdad, porque ahí no nos defendemos de la verdad. Vienen, y… Dios también habla en sueños. No siempre, porque habitualmente es nuestro inconsciente el que actúa, pero Dios a veces elige hablar en sueños. Lo hizo muchas veces, como se ve en la Biblia. En sueños. José era el hombre de los sueños, pero no era un soñador. No era un fantasioso. Un soñador es otra cosa: es el que cree… va… está en las nubes, y no tiene los pies en la tierra. José tenía los pies en la tierra. Pero estaba abierto.

Cardenal Robert Sarah

Queridos compañeros sacerdotes, mantengan siempre esta certeza: ¡estar con Cristo en la Cruz es lo que el celibato sacerdotal proclama al mundo! El plan, nuevamente propuesto por algunos, de separar el celibato del sacerdocio al conferir el sacramento del Orden a los hombres casados (“viri probati”) por, dicen, “razones o necesidades pastorales”, tendría serias consecuencias, de hecho, para romper definitivamente con la Tradición apostólica.

Obispo Felipe Arizmendi Esquivel

En este esfuerzo de consolidación por tener una patria generosa y justa para todos sus habitantes, vemos que nos falta un largo camino aún por recorrer. Advertimos cómo el fruto de toda esta riqueza se ha concentrado en pocas manos, dejando en desamparo a una gran multitud de hermanos nuestros que, teniendo derecho a ella, se encuentran a la espera de lo necesario para vivir dignamente. Reprobamos este sistema neoliberal agotado, que privilegia lo económico sobre el valor de la persona y que ha lanzado a la calle a tantos hermanos. Hacemos nuestra la voz del Papa Francisco: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos.

Obispo Juan Antonio Reig Pla

Es más, según la Doctrina Social de la Iglesia, la familia es una realidad soberana a la que le corresponden una serie de deberes y derechos (San Juan Pablo II, Carta a las familias, 17). Entre ellos, hay que destacar la vinculación amorosa de los esposos a título de justicia, la libertad para la procreación de los hijos y su derecho inalienable y originario a custodiar la vida humana y a educar a los propios hijos según sus convicciones y creencias. La educación de los hijos les corresponde a los padres y nadie puede arrebatarles este derecho -deber, ni siquiera el Estado, quien por el principio de subsidiariedad está obligado a cooperar y ayudar a los padres en la tarea de la educación.

Obispo Demetrio Fernández

La familia hoy tiene inmensas posibilidades, que generan esperanza, y sufre también erosiones y amenazas, que hay que atender. La familia no es un problema, sino la solución a tantos problemas. “En la familia y en la Iglesia queda vencida la soledad”, reza el lema para este año. Ciertamente, a pesar de las inmensas comunicaciones de que disponemos (TV, internet, redes sociales, etc.), una de las losas más fuertes sobre la persona es la soledad. Soledad que proviene en primer lugar por la desconexión con Dios. “El que cree, no está solo”, decía Benedicto XVI a los alemanes en 2006.

Obispo Francisco Pérez González

La Sagrada Escritura muestra la verdad sin errores, los caminos de ciencia sin engaños y la experiencia de la sabiduría sin ambages. Y tanto es así que por mucho que se la quiera contradecir se vuelve contra uno mismo si no la obedecemos.

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (81)

Y, para confirmarlo, se valen de la crítica que denominan textual, y se empeñan en persuadir que este y aquel otro hecho o dicho no está en su lugar, y traen otras razones por el estilo. Parece en verdad que se han formado como ciertos modelos de narración o discursos, y por ellos concluyen con toda certeza sobre lo que se encuentra como en su lugar propio y qué es lo que está en lugar indebido. Por este camino, quienes puedan ser aptos para fallar, aprécielo el que quiera.