Año Jubilar de la Misericordia

Sin título 1En la bula de convocación del Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco nos recuerda que “siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación”. La M. María Félix tuvo una experiencia muy profunda de la misericordia de Dios y por eso, al hacer una lectura de su vida, lo que subraya en sus escritos autobiográficos es este amor misericordioso que la envuelve y la rodea en cada una de las circunstancias de su vida.

“En esta senda gris de mi vida humana he rebasado el vaso de mi iniquidad y he destruido, he desedificado (…). Y sobre esta senda gris, miserable, se ha filtrado algún rayo de luz divina y a su conjuro y por su poder he edificado, como edifica el instrumento en manos del artista; y he sido portadora de reflejos de Dios, como refleja al sol un trozo de lata tirada, un cascote de vidrio perdido entre las escorias de un muladar.

De este plano terreno, no quisiera contar nunca nada. Los contactos mutuos entre la tierra y yo son como los círculos concéntricos que se dibujan sobre una superficie de agua azotada por la caída de una piedra: una vibración comunicada y después nada. Nada aquí abajo. Sombra que pasa. El valor de las acciones humanas y su realidad trascendente quedan únicamente incorporados al plano superior y espiritual del camino que recorre el alma.

Pero, por fuerza al hacer historia, he de hablar de aquellos seres que el Señor ha puesto junto a mí acá abajo. Son instrumentos de su Providencia o trozos mismos de esta Providencia. Algunos seres -personas, cosas, circunstancias- son o han sido astillitas, partículas de mi cruz y los amo como amo a mi cruz, y amo a la cruz tanto más cuanto más amo a Dios. Y el recuerdo de la cruz -¡pequeñísima cruz de verdad!- sostenida sobre mis hombros -¡debilísimos hombros de quien sufre enanismo ante la virtud! viene a mí con un sentimiento pleno y realísimo de un gozo sereno y equilibrado que robustece mi espíritu; viene a mí con un sentimiento de amor y gratitud a cada una de sus astillitas, sin mezcla alguna de amargura (…).

La divina Providencia, que me ha dado una cruz pequeñísima, me ha dado en cambio un tesoro inmenso de alegrías, de goces, de amor, de compañía, de amistad, de ayuda, de comprensión y de delicadezas sin número a través de las personas, de las cosas, de las circunstancias que desde la cuna hasta el presente me han rodeado. Ante el capítulo de personas ¡cómo se abren y se ensanchan mis brazos para abrazarlas a todas y ponerlas en mi corazón para siempre! ¡Qué ternura siento por mis padres, por mis hermanos y por todos mis familiares: aquellos que me mecieron sobre sus rodillas; aquellos que yo he mecido sobre las mías! ¡Con qué efusión recuerdo a aquellas compañeras de mi infancia, a aquella juventud alegre y sana con la que confraternicé en las aulas universitarias, a tantas y tantas personas que me han brindado su amistad franca, de tonos gratísimos! Y, ¿qué diré de todos aquellos que con amor me han abierto los tesoros de su inteligencia y de su corazón? Mi gratitud se desborda ante ellos: mis maestras, mis profesores, mis mentores, mis protectores. Y con un lazo estrechísimo me siento unida a aquellas personas con las que he colaborado en obras de apostolado y a su recuerdo me vienen sentimientos de admiración, de gratitud y respeto; y me siento obligada con amor vigilante, celoso y levantado a Dios, con aquellas otras que el Señor en cierta manera me ha encomendado: ¡cuánto amo a mis catecúmenas, a mis dominicales, a mis pobres, mis obreras, mis universitarias y mis colegialitas!

Hay otro grupo de personas que forman capítulo aparte: son mis directores espirituales, mis hermanas de religión, mis Superiores eclesiásticos y mi Santo Padre, el Papa, el Vicario de Jesucristo en la tierra. A estos les amo tanto, tanto, que en cierta manera les amo tanto como a Dios, porque no puedo amar a ellos sin amar a Dios, ni puedo amar a Dios sin amar a ellos. Mi amor a Dios y mi amor a ellos son como las ramas de vasos comunicantes: al crecer el nivel en uno crece al igual el nivel en el otro. Es que es un amor de orden sobrenatural”.