Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Archivos mensuales: febrero 2019

Mojones 167

07 jueves Feb 2019

Posted by manuelmartinezcano in Mojones

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Montserrat

Interior – exterior

Jesús con la cruz acuestasUno de los planteamientos que presentan carácter de emboscada es el que aplica el esquema interior-exterior a las relaciones que median entre religión, ética y política. A menudo se considera incuestionable que lo religioso y lo ético constituyen una vertiente interior, privada, de cada individuo, y que lo social y político se dan en una esfera exterior al mismo. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

Procurar oscurecerlo

¿Por qué le hemos de hacer a la Revolución el servicio de pregonar sus glorias infaustas? ¿A título de qué? ¿De imparcialidad? No, que no debe haber imparcialidad en ofensa de lo principal, que es la verdad. Una mala mujer es infame por bella que sea, y es más peligrosa cuanto es más bella. ¿Acaso por título de gratitud? No, porque los liberales más prudentes que nosotros, no recomiendan lo nuestro aunque sea tan bello como lo suyo, antes procuran obscurecerlo con la crítica o enterrarlo con el silencio. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

El fin específico de la política

El concepto de realeza lleva a entender la política como “gobierno prudente que persigue el bien común”, según la síntesis de Castellano. Los términos del concepto no son antojadizos: “gobernar”, se ha dicho con Santo Tomás, es la conducción conveniente de los gobernados al fin debido, al fin apropiado a su naturaleza; el “bien común” es -se dirá a continuación- el fin específico de la comunidad política; y “prudente”, respecto del mando político, quiere decir “la recta razón en el obrar” en atención del fin. Luego, concluye Danilo Castellano, la política como gobierno prudente lo es respecto de los medios y no del fin, pues éste ella no lo pone sino que lo toma de la naturaleza misma. (Juan Fernando Segovia – Verbo)

Liberales y masones

El Tratado de París ha sido el epitafio de la integridad de la Patria. Y ¿qué eran Rizal, Aguinaldo, Máximo Gómez, Maceo y Quintín Banderas, y los hombres del gabinetillo autonomista y sus congéneres, que vuelven a ensangrentar la Manigua? ¿Reaccionarios? ¿Tradicionalistas? Todos eran liberales, y laicistas, y francmasones, apuntados con tres puntos en los registros de Morayta, y en los de Filadelfia. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Técnica de dominio

El menos original -o el más clásico, según se mire- de estos tres exégetas del marxismo es Labriola que, basándose en el Anti-Dühring de Engels, biblia del materialismo dialéctico, sostiene que las ideas se explican a partir de la estructura económica. Para Gentile, en cambio, son las ideas las que crean la historia. Ambos coinciden en una cosa importante: en que el marxismo es una filosofía de la historia, y esta convicción común los diferencia de Croce, para quien el marxismo no es más que una ideología, es decir, una técnica de dominio. Puede decirse que Labriola afirma el marxismo teórico, Croce lo niega y Gentile trata de conciliarlo con la realidad histórica, que es, ni más ni menos, lo mismo que luego trataría de hacer Gramsci. (Aquilino Duque – Razón Española)

Controles ideológicos

Esto sucede porque “quienes ignoran el pasado pueden ser más fácilmente engañados y controlados en el presente por ideólogos ávidos de poder, o por sus propios peores impulsos”. Esta ignorancia se ve fomentada por los gobiernos totalitarios o secularistas democráticos pero que en realidad demuestran crecientes tendencias totalitarias. Es particularmente preocupante la ignorancia histórica en los Estados Unidos, entre los que se encuentran muchos católicos. Aun entre los católicos de cierta educación son pocos los que cuentan con una información de cierta precisión sobre la historia de la Iglesia. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

Te he conocido

Siento que moras en mí con el Padre y el Espíritu Santo o más bien siento que yo vivo en Ti, oh Dios inimaginable. Siento que me disuelvo en Ti como una gota en el océano. Siento que estás fuera de mí y en mis entrañas, siento que estás en todo lo que me rodea, en todo lo que me sucede. Oh Dios mío, Te he conocido dentro de mi corazón y Te he amado por encima de cualquier cosa que exista en la tierra o en el Cielo. Nuestros corazones se entienden mutuamente, pero ningún hombre lo comprenderá. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

La conciencia

07 jueves Feb 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Jesucristo y Sacramento de la PenitenciaLos de la autonomía de la conciencia, los que afirman y viven en el convencimiento de que el criterio supremo de la moral es la conciencia, viven en contradicción con la moral católica. San Pablo VI, advirtió: «Pero es necesario, ante todo, destacar que la conciencia, por sí misma, no es el árbitro del valor moral de las acciones que ella sugiere. La conciencia es intérprete de una norma interior y superior; no la crea por sí misma”. “En segundo lugar debemos observar que la conciencia, para ser norma válida del obrar humano, debe ser recta, esto es, debe estar segura de sí misma y verdadera, no incierta, ni culpablemente errónea. Lo cual, desgraciadamente, es muy fácil que suceda, supuesta la debilidad de la razón humana abandonada a sí misma, cuando no está instruida”.

En otra ocasión San Pablo VI dijo: «Quien no tiene en cuenta la ley del Señor, sus mandamientos y preceptos, y no los siente reflejados en su conciencia, vive en gran confusión y se convierte en enemigo de sí mismo”.

Debemos distinguir la conciencia psicológica de la conciencia moral. La conciencia psicológica es el conocimiento intelectual, íntimo, que la persona tiene de sí misma y de sus actos. La conciencia moral es la misma inteligencia humana que hace un juicio práctico sobre la bondad o malicia de sus actos. Santo Tomás de Aquino enseñaba: «La conciencia es un juicio por el que la propia razón dictamina, a base de los principios de la moralidad, sobre la licitud o ilicitud de lo que el hombre concretamente ha hecho, está haciendo o va a hacer inmediatamente”.

El Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 16 enseña: «El hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente… Cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad”. Remitiendo a este pasaje del Concilio, decía San Juan Pablo II: “Formar la conciencia significa descubrir con claridad cada vez mayor luz que encamina al hombre a lograr en la propia conducta verdadera plenitud de su humanidad”.

Para formar bien la conciencia nos ayudará mucho el examen de conciencia diario y la práctica de la verdadera humildad de corazón, ya que sólo el humilde se conoce perfectamente a sí mismo, porque la humildad es la verdad. Y la verdad es que en muchas ocasiones no hemos sido sinceros con Dios, ni con el prójimo, ni con nosotros mismos.

Los principales medios sobrenaturales para formar la conciencia son tres: la oración, la práctica de la virtud y la frecuente confesión sacramental. Para formar bien la conciencia es necesario levantar con frecuencia el corazón a Dios en la oración. Pedirle que nos ilumine en la recta apreciación de nuestros deberes para con Él, para con el prójimo y para con nosotros mismos.

La liturgia de la Iglesia está llena de peticiones, tomadas a veces de la Sagrada Escritura: «Dame entendimiento para aprender tus mandamientos» (Sal. 118, 73); «Enséñame a hacer tu voluntad, pues eres mi Dios» (Sal. 142, 10).

La práctica intensa de la virtud crea la rectitud de juicio y una conciencia delicada y exquisita. Por el contrario, no hay nada que aleje tan radicalmente de toda rectitud moral como el envilecimiento del vicio y la degradación de las pasiones. San Pablo advierte que «el hombre animal no percibe las cosas del Espíritu de Dios; son para él locura y no puede entenderlas, porque hay que juzgarlas espiritualmente» (1ª Cor 2, 14).

La confesión frecuente es un medio sobrenatural eficacísimo para la cristiana formación de la conciencia. La confesión frecuente obliga a practicar un diligente examen previo, para descubrir nuestras faltas, y aumenta nuestras luces con los sanos consejos del confesor, que disipan nuestras dudas, aclaran nuestras ideas y nos empujan a una delicadeza y pureza de conciencia cada vez mayor.

San Agustín escribe: «La alegría de la buena conciencia es como una anticipación del paraíso».

San Maximiliano Mª Kolbe

06 miércoles Feb 2019

Posted by manuelmartinezcano in Oraciones

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La Madre María Félix (5)

06 miércoles Feb 2019

Posted by manuelmartinezcano in Artículos - Contracorriente

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Una vida entregada

Jesucristo herida en el costadoLa experiencia personal de la M. María Félix puede ayudarnos a vivir el Año de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. Ella recibió la gracia de experimentar con gran profundidad el misterio del pecado como ofensa personal al Corazón del Señor, y el misterio aún mayor de su infinita misericordia para con el pecador. Ella misma se sentía una gran pecadora, cualquier pequeña imperfección le parecía una inmensa ingratitud: ¡Cuánto he ofendido a Dios y cuánto me ha amado y me ama Dios! Estos dos extremos son el gran misterio de la vida, misterio que me sobrecoge, que me confunde, que me paraliza estática ante su grandeza, que me lanza ardiente a Él, que me ha perdonado y que me ha conquistado con la grandeza de su misericordia. Toda su experiencia vital, recogida en los escritos autobiográficos, resume esta misma idea. Por eso, en el momento de su redacción, el 7 de enero de 1953, escribe:

La antevíspera de Reyes, cogí este cuaderno y otros de apuntes espirituales con propósito de continuar escribiendo estas notas en las que no he puesto las manos desde hace casi un año y medio, a pesar de haber sentido más de una vez algún cosquilleo de remordimiento, porque la obediencia ha de ser pronta y en mí esta de escribir es apática y remolona y la conciencia me acusaba de no ser fiel.

Leí este cuaderno y algo de los otros y me quedé asustada: soy un verdadero monstruo de ingratitud y de iniquidad. Dios es un océano inmenso, infinito, de paciencia y de misericordia. He aquí la gran carrera entre Dios y yo: Él a amarme; yo a ofenderle. Él a perdonarme; yo a abusar de sus gracias. Él a atraerme incesantemente a Sí; yo a separarme constantemente de Él. Él a moverme, a iluminarme, a encenderme con sus inspiraciones, con sus amores; yo a paralizarme, a dormitar en las tinieblas, a , en la red de mis imperfecciones, bajo la losa de mis pecados.

Ésta es la historia. Y sin embargo no quisiera que fuese así. No quiero que sea así. (…)

Del libro de mi vida quisiera arrancar todas aquellas páginas negras de ingratitudes para con Dios, de fealdades, de deformaciones, de pecados; quisiera aun arrancar aquellas grises de inconsciencias, de fragilidades involuntarias. Tan sólo dejaría aquellas que registran la acción de Dios en mí, aquellas que cuentan mi acción bajo la fascinación de Él; las empapadas por las lágrimas de la gratitud y del amor; las divinizadas por mi perderme en Él. Pero ni una sola negra o gris puedo arrancar, y ni una sola luminosa puedo añadir. Y este libro de mi vida pasada y presente, escrito ya en el Cielo y en el fondo de mi conciencia, remueve mis entrañas en la divina presencia y me arranca otras páginas impregnadas de contrición, de confusión, de humildad, de propósitos firmes y decididos de no defraudar los planes de Dios sobre mi alma; impregnadas de aquel amor y gratitud y confianza que rezuman los sentimientos del hijo pródigo y los del publicano y los de todos los grandes pecadores que deben a Jesucristo no una vez, sino millares de veces, su salvación.

El plano espiritual del camino recorrido por mi alma quisiera describirlo todo sin que un solo contraste de luz y de sombra se perdiese para que el Señor fuese muy glorificado por su gran misericordia, por su infinita bondad, por su amor enorme, de dimensiones divinas a nosotros los pobres humanos. (…)

En ese claroscuro de su bondad y de mi iniquidad me gozo, por la gloria que para Él redunda, y quisiera que se gozasen todos; y movida de este deseo quisiera contar todas las misericordias de Él y todas las iniquidades mías; aunque confieso sinceramente que, puesta a contar, la mayor parte de las veces siento o un rubor santo o una torpeza humana al hablar de Él, y un asco y una vergüenza invencible al hablar de mí.

Hemos leído 120

06 miércoles Feb 2019

Posted by manuelmartinezcano in Hemos leído

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Pablo

La cultura del oxímoron

San Pablo Miki y Compañeros - ángelesUna característica de este «cristianismo secundario» es la cultura del oxímoron: ya nada está jerarquizado o estructurado armoniosamente, sino que se tiende a justificar las contradicciones o las incoherencias. Todo se convierte en conciliable e inclusivo. Cuando se quiere conciliar el consenso y la diferencia se habla de «consenso diferenciado»; y si se pretende justificar un cambio de rumbo en cualquier orden, se habla del «cambio en la continuidad». (Custodio Ballester Bielsa, pbro.)

Escuchar la Palabra y practicarla

Jesús ofrece un criterio fundamental que avala la pertenencia a la comunidad de hermanos: escuchar la Palabra y practicarla (cf. Lc 8, 21). Quiere decir que “la fraternidad cristiana está siempre por delante de los lazos biológicos”. Es la Palabra quien la congrega y, en torno a ella, los integrantes abrazarán la verdad liberadora (cf. Lc 8, 32). (Ángela Cabrera – VIDA SOBRENATURAL)

Vocación sacerdotal

Es María la que formará los pequeños cenáculos de jóvenes con vocación sacerdotal, que, para salvaguardarse, se apartarán de los teólogos ateos y de los lobos con piel de oveja que ocupan puestos oficiales. Es María la que formará niños inocentes, doncellas virginales, intelectuales valientes, universitarios contrarrevolucionarios, economistas de la pobreza evangélica, familias incontaminadas, políticos del Reino de Cristo. ¡Es María! Es Ella, la que nos dirá otra vez la lección del coraje y de la fortaleza de san Fernando y santa Juana de Arco, de Muret y de Lepanto, de la Vendée y de la Independencia, de los «cristeros» mejicanos, y de Antonio Rivera y del obispo Polanco que cumplió su deber hasta el martirio para el que hoy hay tan pocas vocaciones, también en defensa de la fe, se manifiestan… (José Ricart Torrens, Pbro. – AVE MARÍA)

Poder de la oración y confianza en Dios

¿Tiene cura este trastorno? Completamente. Sólo que debe ser abordado desde diversas áreas: médica, psicológica, familiar, sociológica, espiritual… Poder de la oración y confianza en Dios… No hay ningún trastorno, del tipo que sea, que no pueda ser afrontado, disminuido, atenuado, o encauzado correctamente, recurriendo a la oración, a la confianza en Dios y al poder de su gracia. Debemos pedir la gracia de cumplir siempre su voluntad y cumplir el plan que Él diseñó para nosotros al crearnos. (Javier Navascués entrevista al P. Álvaro Sánchez Rueda – AHORA-INFORMACIÓN)

Las bienaventuranzas

“Quien considere pía y sobriamente el sermón que pronunció nuestro Señor Jesucristo en el monte, tal como leemos en el evangelio según Mateo, creo que encontrará en él todo lo que concierne a las costumbres perfectas, al modo perfecto de la vida cristiana” (San Agustín, De sermone Domini in monte libros duos, I, 1(CCSL35,1) – CRISTIANDAD)

El padre Solá habla del demonio (32)

Ella recitaba trozos del libro del Éxodo, pero sueltos: un trozo, un vacío, otro trozo, otro vacío, otro trozo. Se averiguó que aquella chica había sido criada, sirvienta en la casa de un rabino judío que durante la comida hacía que su hijo le leyese la Biblia en hebreo. La chica entraba y salía, y servía. Cuando estaba allí oía, y aquello se le quedaba grabado en la memoria. Aquí no es una glosolalia. Ella no hablaba hebreo, ella recitaba hebreo sin saber lo que decía, lo que sabía entonces. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)

Pudor y castidad  (116)

Y la Iglesia, porque es la virgen-madre, no se casa con el mundo, sino que sólo reconoce como Esposo a Cristo, que “la alimenta y la abriga” (Ef 5, 29). Jesucristo comunica a su Esposa una fecundidad universal. En la Iglesia Madre, “del agua y del Espíritu” (Jn 3, 5), nacen todos aquellos que “no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de hombre, sino que de Dios son nacidos” (1, 13). La Esposa virginal de Cristo concibe a sus hijos, como la Virgen María a su unigénito, “por obra del Espíritu Santo”, y tanto mayor es su fecundidad cuando más unida se mantiene a Cristo Esposo. (José María Iraburu)

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"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

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