Montserrat
Interior – exterior
Uno de los planteamientos que presentan carácter de emboscada es el que aplica el esquema interior-exterior a las relaciones que median entre religión, ética y política. A menudo se considera incuestionable que lo religioso y lo ético constituyen una vertiente interior, privada, de cada individuo, y que lo social y político se dan en una esfera exterior al mismo. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)
Procurar oscurecerlo
¿Por qué le hemos de hacer a la Revolución el servicio de pregonar sus glorias infaustas? ¿A título de qué? ¿De imparcialidad? No, que no debe haber imparcialidad en ofensa de lo principal, que es la verdad. Una mala mujer es infame por bella que sea, y es más peligrosa cuanto es más bella. ¿Acaso por título de gratitud? No, porque los liberales más prudentes que nosotros, no recomiendan lo nuestro aunque sea tan bello como lo suyo, antes procuran obscurecerlo con la crítica o enterrarlo con el silencio. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)
El fin específico de la política
El concepto de realeza lleva a entender la política como “gobierno prudente que persigue el bien común”, según la síntesis de Castellano. Los términos del concepto no son antojadizos: “gobernar”, se ha dicho con Santo Tomás, es la conducción conveniente de los gobernados al fin debido, al fin apropiado a su naturaleza; el “bien común” es -se dirá a continuación- el fin específico de la comunidad política; y “prudente”, respecto del mando político, quiere decir “la recta razón en el obrar” en atención del fin. Luego, concluye Danilo Castellano, la política como gobierno prudente lo es respecto de los medios y no del fin, pues éste ella no lo pone sino que lo toma de la naturaleza misma. (Juan Fernando Segovia – Verbo)
Liberales y masones
El Tratado de París ha sido el epitafio de la integridad de la Patria. Y ¿qué eran Rizal, Aguinaldo, Máximo Gómez, Maceo y Quintín Banderas, y los hombres del gabinetillo autonomista y sus congéneres, que vuelven a ensangrentar la Manigua? ¿Reaccionarios? ¿Tradicionalistas? Todos eran liberales, y laicistas, y francmasones, apuntados con tres puntos en los registros de Morayta, y en los de Filadelfia. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)
Técnica de dominio
El menos original -o el más clásico, según se mire- de estos tres exégetas del marxismo es Labriola que, basándose en el Anti-Dühring de Engels, biblia del materialismo dialéctico, sostiene que las ideas se explican a partir de la estructura económica. Para Gentile, en cambio, son las ideas las que crean la historia. Ambos coinciden en una cosa importante: en que el marxismo es una filosofía de la historia, y esta convicción común los diferencia de Croce, para quien el marxismo no es más que una ideología, es decir, una técnica de dominio. Puede decirse que Labriola afirma el marxismo teórico, Croce lo niega y Gentile trata de conciliarlo con la realidad histórica, que es, ni más ni menos, lo mismo que luego trataría de hacer Gramsci. (Aquilino Duque – Razón Española)
Controles ideológicos
Esto sucede porque “quienes ignoran el pasado pueden ser más fácilmente engañados y controlados en el presente por ideólogos ávidos de poder, o por sus propios peores impulsos”. Esta ignorancia se ve fomentada por los gobiernos totalitarios o secularistas democráticos pero que en realidad demuestran crecientes tendencias totalitarias. Es particularmente preocupante la ignorancia histórica en los Estados Unidos, entre los que se encuentran muchos católicos. Aun entre los católicos de cierta educación son pocos los que cuentan con una información de cierta precisión sobre la historia de la Iglesia. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)
Te he conocido
Siento que moras en mí con el Padre y el Espíritu Santo o más bien siento que yo vivo en Ti, oh Dios inimaginable. Siento que me disuelvo en Ti como una gota en el océano. Siento que estás fuera de mí y en mis entrañas, siento que estás en todo lo que me rodea, en todo lo que me sucede. Oh Dios mío, Te he conocido dentro de mi corazón y Te he amado por encima de cualquier cosa que exista en la tierra o en el Cielo. Nuestros corazones se entienden mutuamente, pero ningún hombre lo comprenderá. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)
Los de la autonomía de la conciencia, los que afirman y viven en el convencimiento de que el criterio supremo de la moral es la conciencia, viven en contradicción con la moral católica. San Pablo VI, advirtió: «Pero es necesario, ante todo, destacar que la conciencia, por sí misma, no es el árbitro del valor moral de las acciones que ella sugiere. La conciencia es intérprete de una norma interior y superior; no la crea por sí misma”. “En segundo lugar debemos observar que la conciencia, para ser norma válida del obrar humano, debe ser recta, esto es, debe estar segura de sí misma y verdadera, no incierta, ni culpablemente errónea. Lo cual, desgraciadamente, es muy fácil que suceda, supuesta la debilidad de la razón humana abandonada a sí misma, cuando no está instruida”.

La experiencia personal de la M. María Félix puede ayudarnos a vivir el Año de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. Ella recibió la gracia de experimentar con gran profundidad el misterio del pecado como ofensa personal al Corazón del Señor, y el misterio aún mayor de su infinita misericordia para con el pecador. Ella misma se sentía una gran pecadora, cualquier pequeña imperfección le parecía una inmensa ingratitud: ¡Cuánto he ofendido a Dios y cuánto me ha amado y me ama Dios! Estos dos extremos son el gran misterio de la vida, misterio que me sobrecoge, que me confunde, que me paraliza estática ante su grandeza, que me lanza ardiente a Él, que me ha perdonado y que me ha conquistado con la grandeza de su misericordia. Toda su experiencia vital, recogida en los escritos autobiográficos, resume esta misma idea. Por eso, en el momento de su redacción, el 7 de enero de 1953, escribe:
Una característica de este «cristianismo secundario» es la cultura del oxímoron: ya nada está jerarquizado o estructurado armoniosamente, sino que se tiende a justificar las contradicciones o las incoherencias. Todo se convierte en conciliable e inclusivo. Cuando se quiere conciliar el consenso y la diferencia se habla de «consenso diferenciado»; y si se pretende justificar un cambio de rumbo en cualquier orden, se habla del «cambio en la continuidad». (Custodio Ballester Bielsa, pbro.)