(Vitoria, 1875 – Aravaca, 1936) Escritor español. Relacionado con la Generación del 98, su ideario inicialmente progresista desembocó en una defensa a ultranza del nacionalcatolicismo.
Ramiro de Maeztu
PRELUDIO (I)
ESPAÑA es una encina media sofocada por la yedra. La yedra es tan frondosa, y se ve la encina tan arrugada y encogida, que a ratos parece que el ser de España está en la trepadora, y no en el árbol. Pero la yedra no se puede sostener sobre sí misma. Desde que España dejó de creer en su misión histórica, no ha dado al mundo de las ideas generales más pensamientos valederos que los que han tendido a hacerla recuperar su propio ser. Ni su Salmerón. ni su Pi y Margall, ni su Giner, ni su Pablo Iglesias, han aportado a la filosofía del mundo un solo pensamiento nuevo que el mundo estime válido. La tradición española puede mostrar modestamente, pero como valores positivos y universales, un Balmes, un Donoso, un Menéndez Pelayo, un González Arintero. No hay un liberal español que haya enriquecido la literatura del liberalismo con una idea cuyo valor reconozcan los liberales extranjeros, ni un socialista la del socialismo, ni un anarquista la del anarquismo, ni un revolucionario la de la revolución.
Ello es porque en otros países han surgido el liberalismo y la revolución por medio de sus faltas, o para castigo de sus pecados. En España eran innecesarios. Lo que nos hacía falta era desarrollar, adaptar y aplicar los principios morales de nuestros teólogos juristas a las mudanzas de los tiempos. La raíz de la revolución en España, allá en los comienzos del siglo XVIII, ha de buscarse únicamente en nuestra admiración del extranjero. No brotó de nuestro ser, sino de nuestro no ser. Por eso, sin propósito de ofensa para nadie, la podemos llamar la Antipatria, lo que explica su esterilidad, porque la Antipatria no tiene su ser más que en la Patria, como el Anticristo lo tiene en el Cristo. Ovidio hablaba de un ímpetu sagrado de que se nutren los poetas: Impetus ille sacer, qui vatum pectora nutrit. El ímpetu sagrado de que se han de nutrir los pueblos que ya tienen valor universal es su corriente histórica. Es el camino que Dios les señala. Y fuera de la vía, no hay sino extravíos.
* España no descubrió América, España descubrió más de medio planeta, 57 %.
* «A los que te conocían les amas, y a los que te aman les crucificas» (Santa teresa de Jesús).
* No se descansa dejando de trabajar a menos que estés agotado, sino cambiando de trabajo. (Armonía Cartujana).
* «Pero la Verdad es Jesucristo ¡Amad la Verdad! ¡Vivid en la Verdad! ¡Llevad la Verdad al mundo! ¡Sed testimonios de la Verdad que salva! es la Verdad entera hacia la que nos guiará el Espíritu de la Verdad. (Juan 16, 13)» (San Juan Pablo II).
* No habrá un «Nuevo Mundo» laico y corrompido. Los católicos tenemos todo que necesitamos para mantener nuestra fe y nuestra costumbres. Gentes de todas las naciones se han unido para destruir la Iglesia Católica. Todos los bautizados somos Iglesia. A combatir los nobles combates de la fe.
* Las almas que están en el Purgatorio sufren dos clases de penas: «La pena de daño y la pena de sentido». La pena de daño, consiste en la dilación temporal de La unión beatífica con Dios. Las almas de pena de sentido del Purgatorio suspira por unirse con Dios. La separación personal es para las almas es muy dolorosa.
Vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajador; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios».
El Párroco
* El liberalismo proclama la libertad física y desconoce la libertad moral.
* «Alegraos y regocijaos porque vuestros nombres están escritos en el Cielo» (Lucas 10, 20).
* «¡Qué consuelo siente mi alma al pensar en la muerte! ¡Veré a Dios cuando muera!» (Santa Gema).
* «La Iglesia es más fuerte que el mismo Cielo, pues está la palabra de Jesús: El Cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Beato Pío IX).
* «El católico debe santificarse en su vida presente familiar y profesional. en la orbite sus posibilidades, debe santificarse luchando para establecer el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo. Nada ha de negarse al amor» (Santa Margarita Maria).
* «Había demasiado judíos escondidos en los conventos de Roma», dice la persona por la cual declaran «justo entre las naciones» al cardenal Tisserant. El título reconoce a quienes arriesgaron sus propias vidas para salvar a judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
El título es de origen árabe, y tradicionalmente se había considerado que provenía de la palabra al-mudy (“almudín”), que significa: “depósito de cereales”; pero arabistas e historiadores especializados coinciden hoy en que el nombre procede de la palabra al-mudayna (= “la ciudadela”, que es diminutivo de la palabra al-madina = “la ciudad”), vocablo que haría referencia al antiguo recinto militar amurallado que ocupaba el promontorio donde hoy se asientan la Catedral y el Palacio Real de Madrid.
Según la tradición, la imagen de Santa María de la Real de la Almudena, que anteriormente había sido denominada como “Santa María la Mayor”, fue encontrada en el año 1085 durante la conquista de la ciudad de Madrid por el rey Alfonso VI de León en uno de los cubos o torreones adosados a la dicha muralla árabe, cerca de la Puerta de la Vega.
A pesar de no existir datos exactos sobre la antigüedad de la talla como del culto, existen documentos que indican que al menos tres siglos antes de ser encontrada fue ocultada por decreto del arzobispo Raimundo de Toledo.
Existen varias tradiciones acerca del origen del nombre y la imagen. La primera cuenta que en el 712, antes de una supuesta toma de Madrid por los árabes, los habitantes de la Villa tapiaron una imagen de la Virgen en los muros de la muralla, para esconderla de los árabes. Con la Reconquista de la ciudad en el S. XI d. C. por el rey Alfonso VI, se propusieron encontrar la imagen oculta. Después de días de plegarias, y mientras una procesión pasaba por la Cuesta de la Vega, el fragmento de muralla donde se encontraba cayó derruido, mostrando la imagen, que permanecía intacta y con las dos velas con las que había sido tapiada aún encendidas a pesar de los siglos transcurridos.Este tipo de leyendas proliferan en el siglo xiii de la mano de autores como Rodrigo Jiménez de Rada. Una leyenda similar atañe a la antigua mezquita del Cristo de la Luz en Toledo, donde se dijo encontrar una imagen en circunstancias similares.
Otra tradición cuenta que al héroe castellano Rodrigo Díaz de Vivar, “El Cid”, se le habría aparecido la Virgen, pidiéndole que tomase la fortaleza de Mayrīt (مجريط). Al acercarse El Cid y sus acompañantes a la villa, se habría desprendido el fragmento de muralla donde se hallaba la figura, y así habrían podido entrar y tomar la ciudad.
Parece más probable por tanto que la imagen primitiva fuese tallada en la Baja Edad Media, durante la repoblación cristiana de la ciudad, para ser colocada en el altar de la antigua mezquita mayor, ahora reconvertida en iglesia mayor de la ciudad (antigua iglesia de Santa María de la Almudena). En aquella época era muy común la titulación de los principales templos cristianos con advocaciones genéricas de la Virgen, Cristo y los santos, por lo que aquella iglesia se llamaría de Santa María. Probablemente, para diferenciarla de otras iglesias que fueron surgiendo en los arrabales de la primitiva ciudad islámica, se conocería al templo como Santa María de la Almudena, porque en árabe Al-mudayna quiere decir “la ciudadela”, por estar encerrada en el primer perímetro amurallado de origen árabe, que a modo de ciudadela, quedaba encerrado en la muralla cristiana posterior. Es decir, se le pondría este nombre para distinguirla de las demás iglesias madrileñas dedicadas a la Virgen María.
La imagen
La imagen que se conserva actualmente en la catedral de Madrid es de estilo Gótico tardío, realizada posiblemente entre los siglos XV y XVI. Representa a María como reina con túnica rojiza y rico manto recamado, con vuelta en color azul, que cubre sus hombros y cae en pliegues tubulares por delante. Sostiene al Niño, desnudo, con ambas manos. Es una talla de buena calidad artística, en madera dorada y policromada; se ha atribuido su realización al círculo de Sebastián de Almonacid o bien a Diego Copín de Holanda, ambos escultores activos en Toledo a finales del siglo XV.
La imagen de la Virgen reposa en un trono de plata, de estilo Barroco, que fue regalado por la Villa de Madrid en el año 1640, reinando Felipe IV; a su lado, dos grandes ciriales, asimismo de plata, de la misma fecha. Rodea la figura un recargado resplandor, con ráfagas y ángeles adoradores, y una media luna, símbolo inmaculista, a los pies; todo ello data del siglo XIX.
La talla de la Virgen se encuentra en el brazo derecho del crucero de la catedral, enmarcada por un retablo de tablas pintadas, gótico del siglo XIV, realizado por Juan de Borgoña, procedente de Oropesa (Toledo), y regalado por el cardenal Ángel Suquía. El retablo, colocado en alto, es accesible mediante unas escalinatas que bordean un arco escarzano, donde se encuentra la capilla funeraria de la reina María de las Mercedes de Orleáns, esposa de Alfonso XII, gran devota de la Virgen.
Una réplica de esta imagen hecha por el artista cusqueño Juan Tomás Tuyro Túpac por encargo del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo en 1699 se venera en el Templo de la Almudena ubicado en la ciudad del Cuzco (Perú).