La Cruzada y las fuerzas políticas de la Nación

General Franco en el campo de batallaDos tareas se presentaban desde los primeros momentos a nuestra responsabilidad: la de obtener la victoria, librando a la Patria del yugo de sus opresores, y la de prepararla para que pudiese navegar, próspera y segura, a través de todos los temporales. Frente a una política que destruía, iba a levantarse otra que creaba y que se perfilaba en los principios comunes a las fuerzas políticas que desde la primera hora se pronunciaron solidariamente al lado del Movimiento, y entre las que ocupaban puesto de honor la Falange y el Tradicionalismo, que, movilizando sus mandos y organizaciones, se unieron a las fuerzas militares de nuestros Ejércitos.

Todas las fuerzas políticas de la nación dieron a la Cruzada sus mejores hombres. Los nombres de Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Puniera, Maeztu y Madariaga, entre tantísimos mártires, constituyen un símbolo de la extensión política que el Movimiento tuvo. La fidelidad a Dios o la distinción en el servicio a la Patria fueron bastante para que tantísimas personas sufrieran cautividad, persecuciones y martirio.

La reacción de la nación igualmente había de tener enorme dimensión y todos los españoles de buena voluntad se unieron con entusiasmo al Movimiento liberador.

No tendría lugar para recordaros todos los hechos gloriosos que la Cruzada entrañó; las numerosas pruebas de heroísmo y de valor de que dieron ejemplo las fuerzas españolas, que la ponían a la altura de sus mejores tiempos y que en gran medida sorprendieron al mundo. El Alcázar de Toledo, el Cuartel de Simancas, la Ciudad Universitaria, Santa María de la Cabeza, Belchite, Alcubierre, el crucero «Baleares», Brunete, Teruel y el Ebro, han quedado para siempre, con otros numerosos nombres gloriosos, grabados en el libro de la Historia.

(I7-VI1-1956: Madrid. Consejo Nacional del Movimiento.)