Obra Cultural

niño jesusEs evidente que vivimos una época de «crisis de fe», influenciados por el ambiente «contaminado» que se respira en el orden espiritual, sin poner los medios necesarios para superarlo, que en este caso serían la reflexión y la meditación, para ver que las verdades fundamentales no cambian como las modas, y que hemos de ser consecuentes.

Quiero ayudar a fortalecer la fe cristiana, refiriéndome a la Sagrada Biblia, concretamente a profecías hechas ¡setecientos o más años antes de Jesucristo!, que se han cumplido exactamente, sobre su nacimiento, pasión y muerte. Citaré sólo algunas.

– «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo». (Isaías 7, 14).

– «Belén, de ti saldrá quien señoreará en Israel». (Miqueas 5,2).

– «El ungido, (Jesucristo), será perseguido». (Salmos 2, 1-2).

– «Ni un solo hueso será roto». (Salmos 34,21).

– «Habitó en Nazaret para que se cumpliese lo dicho por los profetas, que sería llamado el Nazareno». (Mateo 2,23).

– «Mirarán a aquél a quien traspasaron». (Zacarías 12,10). ·

-Lo que sigue, es de Isaías, 53,1-12, vaticinio de la Pasión; llamado a este capítulo el «proto-evangelio»: «Despreciado, desecho de los hombres. Tomó sobre sí nuestras enfermedades y cargo con nuestros dolores. En sus llagas hemos sido curados. Maltratado y afligido, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero. Arrebatado por un juicio inicuo. Muerto por las iniquidades de su pueblo. Fue en la muerte igualado a los malhechores. Ofreció su vida en sacrificio por el pecado».

Muchas más profecías se han cumplido; todo lo cual confirma la verdad y seguridad de nuestra fe en Jesucristo.

Estemos, pues, bien dispuestos a profesar esta fe en la doctrina que Él nos enseñó y que su Vicario en la tierra, el Papa, promueve y defiende, sin que nadie tenga facultad para variarla; y como garantía de su asistencia espiritual, que no le falta al Papa, dilo: «Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo». (Mateo 28,20).

La familia, gravemente perjudicada

Es evidente que con los signos de cambio en el mundo, la familia es gravemente perjudicada. La unión libre de la pareja ha progresado vertiginosamente entre los jóvenes y sigue progresando. Para ellos, el matrimonio carece de valor, pero no se reflexiona sobre sus consecuencias.

Para los creyentes, sólo hay matrimonio legítimo cuando se contrae por la Iglesia, sabiendo que es indisoluble, (lo que Dios unió no lo separe el hombre, dice la Biblia$), asumiendo todas las consecuencias que de esto se derivan, lo cual es compromiso serio y firme de formar una familia estable, y los hijos que haya contarán con unos padres unidos y preocupados por su crianza y formación.

Unirse libremente, lleva implícito no haber compromiso alguno serio de vivir unidos permanentemente y los hijos sufrirán el trauma de esta frágil situación, que muy probablemente termine en separación.

¿Qué garantías, pues, hay en la unión libre, de formar una familia en la que todos sus miembros, padres e hijos, asuman deberes y derechos y sean consecuentes en tiempos favorables y adversos, de crisis de la pareja, como habrá durante la vida?

Ciertamente, el concubinato supone una inseguridad jurídica en caso de conflictos, custodia de los hijos, herencia, etc. Pero también estos aspectos se están asimilando en algunos países, y cada vez más, ante la Ley. En Francia, por ejemplo, ya se extienden certificados de cohabitación para poder beneficiarse de la Seguridad Social.

Siendo la familia, célula principal de la sociedad, ¿qué pasará a ésta cuando aquélla, despreciado su valor moral, sea muy reducida en número o prácticamente no exista? Lo que perjudique a la familia es malo para la sociedad.

Libertad y convivencia

Todas las ideologías políticas y creencias religiosas, invocan y defienden a ultranza la libertad; pero no todas lo entienden igual, ni coinciden en las circunstancias, condiciones y limitaciones en la aplicación y práctica de la misma, al extremo de que, en muchos casos, se hace realidad la frase popular versificada: «El libre pensamiento proclamo en alta voz, y muera el que no piense igual que pienso yo».

Puntualicemos: En rigor, por definición, libertad, para todos, es la facultad del hombre para elegir su propia línea de conducta. Posibilidad asegurada por las leyes de actuar según su propia voluntad, siempre que no afecte los derechos de los demás. Pongamos un ejemplo: El equiparar la libertad de difundir aire puro y la libertad de difundir aire contaminado, la libertad resultante no es igual para todos, pues, en realidad, se impide la libertad de respirar aire puro. Es un caso de incompatibilidad de libertades que se excluyen mutuamente.

Tendencia bastante corriente, es confundir y convertir la libertad en libertinaje, que es desenfreno en las palabras y en las obras; entregarse a vicios y maldades, con olvido total de los derechos que tienen los demás.

La convivencia pacífica no será posible sin el respeto y reconocimiento de los derechos mutuos entre personas con quienes convivimos, porque nuestros derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás. Por ejemplo: No debemos molestar con la radio o la televisión el descanso de los vecinos.

Sería aconsejable y provechoso, reflexionar sobre estos pensamientos:

«A algo hay que renunciar si se quiere vivir en paz».

«No hay felicidad más grande que la de ser honrado».

«Lo que está contra la Ley de Dios, que es la misma Ley Natural, no puede ser bueno para el bien común».

«El amor podrá siempre más que el odio».

El desnudismo, contrario a la ley divino-natural

Sigue avanzando impunemente la inmoralidad pública con acusado libertinaje, destacando el desnudismo integral, sobre todo en verano.

¿Qué porvenir espera y merece la humanidad, que desafía insistentemente a la propia Ley de Dios, que es la misma Ley Natural?

Los cristianos, y más concretamente los católicos, estamos asistiendo a un lamentabilísimo fenómeno de decadencia moral, sin ofrecer la debida resistencia, incluso acomodándonos a él como inevitable y pensando que, a la larga, es un simple cambio de costumbres que, una vez adaptados, no tendrá mayor importancia.

Reflexionemos seriamente y seamos consecuentes:

Adán y Eva, al pecar, sintieron vergüenza de su desnudez, de la que antes les preservaba su estado de inocencia. Abriéronse los ojos a ambos, -dice la Sagrada Biblia-, y viendo que estaban desnudos se cubrieron y se escondieron. (Génesis 3 7). Yahvé Dios, llamó a Adán y le dijo: ¿Y quién te ha hecho saber que estabas desnudo? La respuesta y causa es la pérdida de la inocencia.

Noé, se embriagó y quedó desnudo en medio de la tienda. Le vio su hijo Cam y fue a decírselo a sus hermanos (para que lo vieran). Estos tomaron el manto, se lo pusieron sobre los hombros, y yendo de espaldas, vuelto el rostro, cubrieron sin verla, la desnudez de su padre. Despierto Noé, supo lo que hizo su hijo Cam y le maldijo. (Génesis 19,21-25).

Todo está impreso en la Ley Natural: El pudor que sentimos cuando perdemos la inocencia. Esto se ve más patente en los pueblos sin civilizar o poco civilizados. No practican el desnudismo integral, como no sea esporádicamente, cuando equipos informativos les preparan para filmar películas que luego nos presentan en el cine o la televisión.

He vivido varios años en la Guinea Ecuatorial, y puedo asegurar que nunca presencié desnudos públicamente, sino al contrario, me consta la resistencia de mujeres indígenas a descubrirse ante el médico que tenía que atenderlas en circunstancias graves; lo cual pone bien de manifiesto el pudor natural.

La «civilización» lo invierte, denominándolo «tabú» ya superado e intenta promover las mayores aberraciones como, por ejemplo, alardear de ser adulteras. (que también los salvajes condenan a tormentos y torturas), ridiculizar la virginidad, etc., etc.

Bien claro dicen las estadísticas que el porcentaje mayor de desesperados lo tienen los países nórdicos con mayor progreso material, que desprecian olímpicamente la Ley Divino-Natural.

No se pretende otra cosa que la destrucción de la Religión y buenas costumbres, haciéndonos desgraciados, hasta en lo humano, especialmente a los jóvenes deslumbrados por el alago a favor de todas las pasiones, buenas en sí mismas pero degradadas por la finalidad perseguida.

Los pueblos no se pierden por débiles, sino por viles, y el degradar las pasiones, satisfaciéndolas sin miramientos ni limitaciones, envilecen, incapacitando para luchar por valores morales y espirituales, con lo cual se asegura el enemigo la victoria por anticipado.

Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres, (Hechos de los Apóstoles 5,29); de ser una ley incompatible con la doctrina católica, hemos de obedecer a Dios antes que acatar la Ley.

Pedro Arnaiz Fernández

«MARÍA ES PUERTA DEL CIELO, PORQUE POR ELLA PODEMOS ENTRAR EN ÉL», dice San Antonio de Padua. Y el que reza las TRES AVEMARÍAS ha encontrado de verdad la llave para ir al Cielo.