Montserrat

Relativismo y agnosticismo

Pero muchos miembros de la sociedad contemporánea han abandonado el patrimonio histórico y cultural que habían recibido de sus antepasados y, por lo tanto, no tienen nada que trasmitir salvo un desolado relativismo y un triste agnosticismo con respecto de la verdad. El relativismo y el agnosticismo generan desesperanza y sin esperanzas en el futuro nadie estará motivado para tener hijos. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

El silencio espada de Dios

El silencio es una espada en la lucha espiritual; un alma platicadora no alcanzará la santidad. Esta espada del silencio cortará todo lo que quiera pegarse al alma. Somos sensibles a las palabras y queremos responder de inmediato, sensibles, sin reparar si es la voluntad de Dios que hablemos. El alma silenciosa es fuerte; ninguna contrariedad le hará daño si persevera en el silencio. El alma silenciosa es capaz de la más profunda unión con Dios; vive casi siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo. En el alma silenciosa Dios obra sin obstáculos. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

Patrimonio de la clerecía dominante

Sólo en estos términos se podrá establecer la vinculación religiosa -es decir, la participación en los mismos valores- entre el Príncipe y los simples, entre las minorías rectoras y las masas, como hizo el catolicismo en la Edad Media y como Croce quiso hacer a finales del siglo XIX. Croce sería el primero en reconocer, como se ha visto, la crisis de la religión, de la libertad; pero es que la libertad, o el liberalismo, sólo fue una realidad en el plano de la filosofía especulativa, pues la religión de la libertad no llegó nunca a religar a toda la sociedad, sino que fue patrimonio de la clerecía dominante, de la intelectualidad burguesa. (Aquilino Duque – Razón Española)

Unidad de caciquismo

¡Esa unidad de caciquismo, expedientes y engrudo es la unidad nacional que nos han dejado los liberales! Ese Estado que tiene la unidad de sus atribuciones robadas a la sociedad y a la Iglesia es la potestad civil de que hablan a todas horas nuestros anticlericales, la que hay que levantar contra la doble jerarquía eclesiástica y su vértice supremo el Pontificado, para que caiga como inmenso mandoble sobre las creencias cristianas, porque es ya lo único que le queda por aplastar. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Política es el bien común

La política no impone el fin, no lo inventa ni lo construye, sino que lo encuentra en la naturaleza de los hombres sujetos a su gobierno. Luego, la naturaleza o esencia de la política está en dependencia de su fin, que no es arbitrario sino conveniente -es decir, apropiado, ajustado y por lo mismo útil- a la naturaleza humana. De ahí que pueda decirse, con Francesa Gentile, que la política es “inteligencia de la justa medida”, en tanto “factor de equilibrio (de las sociedades particulares en sus relaciones recíprocas y en las relaciones con la comunidad política) en vista del Bien” Por lo mismo hemos dicho, siguiendo este razonamiento, que la política es la “inteligencia del bien común”. (Juan Fernando Segovia – Verbo)

La herejía envuelta

La herejía envuelta en los artificiosos halagos de una rica poesía, es mil veces más mortífera que la que sólo se da a tragar en los áridos y fastidiosos silogismos de la escuela. La gran propaganda herética de casi todos los siglos, leo en las historias, que la han ayudado a hacer los sonoros versos. Poetas de propaganda tuvieron los arrianos; tuviéronlos los luteranos, que muchos se preciaban, con su Erasmo, de cultos humanistas; de la escuela jansenista de Arnaldo, de Nicole y de Pascal no hay que decir que fue esencialmente literaria. Voltaire ya se sabe a qué debió los principios y sostén de su espantosa popularidad. ¿Cómo hemos, pues, de hacernos cómplices los católicos de tales sirenas del infierno, y darles nombre y fama, y ayudarlos en su obra de fascinación y corrupción de la juventud? (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

El consenso

La práctica del consenso responde a una actitud defensiva, medrosa, en buena medida inoperante, carente de recursos ante las presiones externas. Esta conciencia de debilidad, confesada ante el adversario, suscita el envalentonamiento de éste y acrecienta su apetito de poder. La táctica del consenso lleva por un plano inclinado a un concesionismo sin límites. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)