La Cruzada, los alféreces provisionales y la España nueva

General Francisco Franco BahamondePero la Cruzada nuestra no termina con la guerra, no se acaba; no basta con haber salvado a la patria, no fue suficiente que arrancáramos el laurel de la victoria para poder descansar; es necesario que seamos los guardianes de aquella victoria, los mantenedores de aquella obra; que si logramos hacer que España despertase no fue para que pudiera volver a caer, sino para que marche por el camino de su grandeza, y esto se logra si mantenemos los lazos estrechos, si conservamos nuestra hermandad, nuestro compañerismo, nuestros ideales, si no dejamos que esos ideales perezcan en la lucha por la vida, si sabemos inculcarlos a nuestros hijos, si aseguramos que las generaciones futuras sepan lo que le deben a las generaciones pasadas, y si conseguimos que este Movimiento de la nación hacia su grandeza no sea nunca interrumpido. Y para ello es necesario el esfuerzo de todos los españoles, y entre todos los españoles principalmente, los esfuerzos de los mejores, de los que tanto se distinguieron, de los que hicieron entrega de sus vidas y de sus seres queridos por esta España nueva.

(26-11-1959: Hermandad Nacional de Alféreces Provisionales.)

  1. El sacrificio de Calvo Sotelo y el Alzamiento Nacional

España entera siente y comparte la emoción de estos momentos en que rendimos homenaje a la memoria, siempre presente en nuestros afanes, de quien fue protomártir de nuestra Cruzada. Las grandezas de la Patria se han levantado siempre sobre el sacrificio generoso de los héroes y de los mártires que con su sangre escribieron las páginas imborrables de la historia, que son ejemplo y estímulo para las generaciones que les siguen. Héroes y mártires constituyen los fuertes eslabones que forman la cadena de nuestra historia, que aseguran la unidad y la continuidad de nuestra nación.

La muerte de Calvo Sotelo por los propios agentes encargados de la seguridad fue la demostración palpable de que, rotos los frenos, la nación se precipitaba vertiginosamente en el comunismo. Ya no cabían dudas ni vacilaciones: el asesinato, fraguado desde el Poder, del jefe más destacado de la oposición, unió a todos los españoles en unánime y ferviente anhelo de salvar a España. Sin el sacrificio de Calvo Sotelo, la suerte del Movimiento Nacional pudo haber sido muy distinta. Su muerte alevosa venció los naturales escrúpulos de los patriotas, marcándoles el camino de un deber insoslayable; por ello, Calvo Sotelo vivirá estrechamente unido al Movimiento Nacional.

(13-VII-1960: Madrid.—En la inauguración del Monumento a Calvo Sotelo.)